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CUARESMA, DÍA 30

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  Vosotros sois la luz del mundo. Una ciudad situada en lo alto de una montaña no puede ocultarse. —Mateo 5:14 Lo que Jesús afirma es que una ciudad -y eso que en aquella época no tenían la enver- gadura que tienen ahora- es algo demasiado grande para que pueda pasar desapercibido, es evidente y quieras o no, lo ves, todavía más si está en lo alto de una montaña. Pienso, consecuentemente, que la presencia de Jesús en nuestra vida debe de ser algo lo suficientemente consistente y coherente para que pueda ser evidente y percibido por el resto de las personas, especialmente por aquellas más cercanas a mí, las que están en mi círculo de influencia más próximo, mi esposa, mis hijos, mis hermanos, mis amigos, la gente de mi comunidad. Ayer, en mi espacio nocturno de reflexión -de pararme, inclinarme para tomar distancia y perspectiva- observaba mi vida y valoraba qué tipo de luz proyecta y si realmente, sin pretender ser perfecto, pero sí anhelando la coherencia, es pos...

CUARESMA, DÍA 29

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  Por encima de todo, guarda tu corazón; Porque de él mana la vida.  —Proverbios 4:23 Los estudios sobre neurociencia indican que tenemos tres diferentes tipos de inteligen- cia. La racional, encargada de proveer significado o sentido a las cosas que hacemos. La relacionada con las entrañas, encargada de preservar la vida y, finalmente, el corazón, que tiene como propósito equipar con valores nuestra vida. Marvin Oka, en su libro «Multiple brains», indica que para tener una vida equilibrada es preciso que las tres inteligencias actúen en armonía. Según este autor, nuestra razón puede justificar y racionalizar cualquier cosa. Cuando tomamos una decisión nuestro cerebro se encargará de buscar o crear toda una batería de argumentos que dé sentido a la misma y nos evite las tensiones o problemas de tipo moral. Sin embargo, siempre según el mismo autor, esas decisiones deben de pasar por el filtro del corazón ya que este es el encargado de valorar las decisiones a la...

CUARESMA, DÍA 28

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  Jesús les preguntó: — Y vosotros, ¿quién decís que soy?.  —Mateo 16:15 Hoy, desde que me levanté, me han acechado los temores. Los percibo como nubes ne- gras en mi cabeza que producen pesadez y abatimiento. Hay días que por más que uno trate de ver el cielo despejado y contemplar el sol esas nubes persisten. Y me encuentro con esta pregunta de Jesús que me lleva a reflexionar y tratar de ir más allá de la respuesta únicamente intelectual, la que puede darse con rapidez porque uno la tiene aprendida desde los años de la escuela dominical. La pregunta me hace pensar profundamente debido a las implicaciones que tiene mi respuesta. No puedo responder que no creo que es Dios hecho ser humano para que yo pueda ser un auténtico ser humano. No puedo hacerlo porque sería falso, porque no tendría una base sobre la que sustentar mi experiencia vital. Pero al responder que sí, veo que hay otra batería de preguntas que automáticamente vienen a mi mente de parte suya. E...

CUARESMA, DÍA 27

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  Yo soy la vid; vosotros, los sarmientos. El que permanece unido a mí, como yo estoy unido a él, produce mucho fruto, porque separados de mí nada podéis hacer.  —Juan 15:5 Hay un razonamiento que puede hacerse fácilmente a la inversa de una proposición dada y este es un buen ejemplo de ello. Si todo aquel que está unido a Cristo lleva fruto, podemos deducir que aquel que no lleva fruto no tiene esta unión vital con Jesús. Acostumbramos a valorar el compromiso cristiano con el número de veces que aparece- mos por la iglesia en un periodo de tiempo dado ¡Nada más lejos de la realidad! No estoy afirmando que no sea necesario el compañerismo con otros seguidores de Jesús, ¡Naturalmente que lo es! Estoy hablando que esa no es la medida de nuestro seguimiento del Maestro. El fruto, por el contrario, sí que lo es. Unos versículos más adelante (v.8) se indica que el fruto es, precisamente, la prueba del auténtico discipulado. Es, por tanto, importante entender qué t...

CUARESMA, DÍA 26

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  Entonces Jesús les dijo: No sabéis lo que pedís.  —Marcos 10:38 La Cuaresma continúa y, poco a poco, nos vamos acercando a lo que se denomina la Semana Santa. Para muchos un tiempo de salir de la ciudad en busca de descanso, para otros, una posibilidad de meditar y vivir más en profundidad el misterio del Cristo hecho ser humano para mostrarnos el camino hacia el Dios Padre. La invitación del día de hoy es a reflexionar acerca de nuestras oraciones. Imagina por un momento que pudieras prestar atención a tu vida de oración como un observador exter- no ¿Qué ves, qué te llama la atención? Jesús tuvo que responder a una petición hecha por algunos de sus discípulos que no sabían qué estaban pidiendo. Ni siquiera se habían parado a pensar en la coherencia o incoherencia de aquello que estaban demandándole al Maestro. No habían reflexionado acerca de la posibilidad o imposibilidad de su petición, simplemente verbalizaron algo que, cuando leemos el contexto, sab...

CUARESMA, DÍA 25

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  Y Jesús les preguntó: ¿Creéis que puedo hacer esto?. —Mateo 9:28 Una vez uno ha identificado aquello que desea que el Señor le conceda, Jesús vuelve a invitarnos a la reflexión por medio de otra pregunta, la cual nos lleva a la introspección y a sopesar cómo es nuestra fe. A nivel intelectual todos nosotros creemos que Dios puede hacer cualquier cosa que nosotros le pidamos pues, al fin y al cabo, es el creador y el sustentador del universo y todas las leyes físicas le obedecen sin rechistar. Otra cosa muy diferente es confiar en que ello puede ser hecho en nuestras vidas, en nuestra experiencia única y singular y, consecuentemente, tomar el riesgo, pues la fe, el confiar, siempre implica una medida de riesgo, de dar los pasos necesarios para poder experimentar a Dios actuando. Al leer este pasaje y pensar que cada vez me estoy volviendo más mayor y que la pers- pectiva económica del futuro parece ser cada vez más sombría viene a mi mente la pregunta de Jesús ¿Cree...

CUARESMA, DÍA 24

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  El ciego, arrojando su capa, dio un salto y se acercó a Jesús. Jesús le preguntó: —¿Qué quieres que haga por ti? Contestó el ciego: —Maestro, que vuelva a ver.  —Marcos 10:50 Preguntarle a un ciego qué es lo que desea parece, sin lugar a dudas, una redundancia total e innecesaria, es evidente lo que un ciego quiere y la pregunta de Jesús carece de sentido o al menos, eso nos puede parecer a nosotros porque nos proyectamos en el cie- go, y es lo que nosotros pediríamos si estuviéramos en su lugar. Pero, una vez más, las preguntas de Jesús tienen como finalidad llevarnos a una reflexión profunda, algo que se pone de manifiesto una vez que vamos más allá de lo evidente y lo superficial. La pregunta me fuerza a pensar en qué es lo auténticamente importante para mí, qué es lo que yo le pediría a Jesús si me hiciera a mí esa pregunta. Al enfrentarme a la misma tengo que hacer un repaso de mí mismo y de aquello que más anhelo y deseo por encima de cualquier ...