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Mostrando entradas de noviembre 27, 2017

TAMPOCO YO TE CONDENO

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— Mujer, ¿dónde están todos esos? ¿Ninguno te condenó?  Ella le contestó:  — Ninguno, Señor.  Jesús le dijo:  — Tampoco yo te condeno. Vete y en adelante no vuelvas a pecar. (Juan 8:10-11) De aquella mujer no tenemos información acerca de quién era, sólo sobre lo que había hecho, sorprendida en pleno acto de adulterio. En Israel, esta conducta junto con el asesinato y la idolatría eran considerados los tres pecados más graves que un judío podía cometer. Y ese concretamente estaba castigado con la pena capital; eso era precisamente lo que los fariseos y maestros de la ley pretendían. Lo triste del asunto es que tenían toda la razón del mundo. Legalmente aquella mujer era culpable y ellos, en su intención de atrapar a Jesús, esperaban que refrendara lo que la Palabra enseñaba o se opusiera a la misma. En cualquier caso pensaban que tenían la oportunidad perfecta. Pero el Maestro confronta a los acusadores con su propia realidad. Indica que aquel que esté lib...