COMPARACIONES

Que cada uno examine su propia conducta y sea la suya, sin compararla con la del prójimo, la que le proporcione motivos de satisfacción. (Galanas 6:4) Compararnos con otros es, seamos sinceros, inevitable. En algunas ocasiones, muy pocas, lo hacemos con otros que nos son de inspiración para ser mejores, emocional, intelectual, social o incluso espiritualmente. Sin embargo, en la mayoría de las veces lo llevamos a cabo con otros para sentirnos mejores con nosotros mismos. Lo hacemos con aquellos que la comparación nos resulta favorable y, consecuentemente, refuerza nuestra identidad, autoestima, sentido de valor, dignidad, etcétera. Es como la parábola del fariseo y el publicano; el primero se comparaba con el segundo y le daba muchas gracias a Dios por no ser como aquel. Lamentablemente así somos nosotros y contra esto nos advierte el apóstol Pablo. ¿Quieres sentirte satisfecho y a gusto con tu espiritualidad? Es legítimo, tienes derecho a ello, pero nunca a consta de co...