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JESÚS DECEPCIONA

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  Desde entonces, muchos discípulos suyos se volvieron atrás y ya no andaban con Él (Juan 6:66) El Maestro decepcionaba con la misma facilidad que ilusionaba. Muchas personas se acercaban a Él con sus expectativas y el deseo que las satisficiera. Necesidades legitimas, sin duda; ser curados, ser alimentados, ser liberados del yugo romano, poder tener un lugar de influencia en su Reino y un largo etcétera. Cuando Jesús no cumplía esas expectativas se producía la decepción y el abandono. El versículo que encabeza esta entrada lo refleja claramente. Jesús alimentó a las multitudes y estas lo buscaban para hacerlo rey. Su necesidad era real, ser alimentados en un mundo de escasez, y generaron la expectativa de que Él, sin duda, la cubriría abundantemente como ya lo había hecho. Cuando Jesús les plantea la verdadera naturaleza de su plan para ellos y para la humanidad se produce la decepción. Este no es el tipo de Mesías que esperábamos y que queríamos. A la decepción sigue el...

JESÚS, LA FORMA Y LA FUNCIÓN

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  Y Jesús añadió: Dios hizo el sábado por causa del ser humano, y no al ser humano por causa del sábado. (Marcos 2:27) La función es un acción que se debe llevar a cabo, una necesidad que se debe satisfacer. Para ello se genera una forma que está al servicio de la misma y permite llevarla a cabo. Por ejemplo, para sentarnos -función- desarrollamos formas -sillas, sillones, banquetas, etc.-. No creamos primero una forma -la silla- y luego forzamos a las personas a sentarse. Las cosas funcionan, precisamente, de la forma totalmente opuesta. Siempre la función va primero. Creo que a esto se refiere Jesús cuando afirma que la función -la necesidad de ser humano de descansar, renovarse, recalcular como está viviendo, gozarse en Dios- va en primer lugar y, para hacer eso posible, Dios crea la forma -el sábado, el día de reposo-. Primero nació la función y esta hizo necesario generar una forma. El problema con la religión y otras muchas cosas es que la forma acaba confundiéndose con la fu...

JESÚS EN COMUNIÓN

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  ¿Por qué se sienta a comer con esa clase de gente? (Marcos 2:17) En la Palestina de la época de Jesús participar de la comida era una de las mayores muestras de intimidad y afecto. No invitabas a tu mesa a cualquiera. Tampoco aceptabas la invitación de cualquiera. Invitar o aceptar implicaba una asociación entre ambos, el anfitrión y el huésped.  Jesús era plenamente consciente que su comunión con los pecadores y gentes de mal vivir iba a afectar su reputación y cómo era percibido por la sociedad, especialmente, como así fue, por aquellos religiosos que eran los guardianes de la moral y las buenas costumbres. No parece que al Maestro le importara lo más mínimo la imagen que estos últimos pudieran formarse de Él. Para Jesús era claro que su propósito, la razón de su venida era dar a todo ser humano, sin excepción, la posibilidad de saberse amado y aceptado por Dios. Una buena pregunta es si nosotros, los que nos consideramos sus seguidores, estamos animados por ese ...

JESÚS INVITA

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Sígueme. (Marcos 2:14) Los primeros pasajes del evangelio de Marcos narran la invitación de Jesús a sus primeros discípulos a seguirle. ¿Qué criterios usó para ello? He leído que fueron escogidos por el potencial oculto que tenían y que Jesús podía desarrollar. También he leído la idea de un corazón disponible para el Señor y, por tanto, enseñable. Puede ser, aunque me hace ruido el corazón de Judas, el que traicionó al Maestro. Hay cosas que me llaman la atención: No hay nadie de la élite religiosa, ni sacerdotes, ni fariseos ni saduceos. Hay gente de ambos extremos del arco político, un nacionalista judío radical y de un contexto violento y, a la vez, un colaborador del ocupante romano. Son gente normal y corriente que no sobresalían en nada en el mundo religioso de Israel y que carecían de toda influencia social, política, económica y cultural. De hecho, en el libro de los Hechos de los Apóstoles son calificados simple y llanamente como gente del vulgo y sin letras. Jesús h...

JESUS HONRA LA FE

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Jesús, viendo la fe de quienes lo llevaban, dijo al paralítico: hijo, tus pecados quedan perdonados. (Marcos 2:5) ¿Puede darse el caso de que personas se vean bendecidas, no debido a la fe, confianza, que tienen en Jesús, sino más bien por la fe que nosotros tenemos en Él? A tenor de este pasaje creo que sí. El paralítico del relato tuvo, tal y como yo lo veo, una triple bendición: espiritual, porque sus pecados fueron perdonados. Física, porque pudo volver a caminar. Social, porque puedo reintegrarse como una persona autónoma, no dependiente, en la vida de Israel. Pero no es el único caso. El siervo del centurión fue bendecido por la fe de su jefe, un ocupante romano, de quien Jesús afirmó que en Israel no había visto una fe similar. El muchacho endemoniado fue liberado por la confianza de su padre. Lo mismo pasó con la hija de la mujer sirio-fenicia. Jesús honra la fe venga de donde venga y, consecuentemente, con tantos precedentes no es nada raro que podamos confiar en que ...

JESÚS ATRAE

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  Sin embargo, la gente acudía a Él de todas partes. (Marcos 1:45) El porqué las personas se acercaban a Jesús es un tema complejo, para nada simple. Hablamos de complejidad cuando hay muchos elementos entrelazados entre sí, muchas vertientes de una misma realidad, muchas interpretaciones de un mismo hecho. Sin duda, algunos se acercaban a Él para que pudiera satisfacer alguna necesidad. Lo vemos en el caso del leproso y del paralítico llevado por sus amigos. Lo veremos también en aquello que querían ser alimentados cada día por el Maestro y estaban dispuestos a proclamarlo rey. Pensar que esa era la única motivación es ignorar la complejidad. Otros estaban genuinamente interesados en su enseñanza. Reconocían que hablaba de Dios como un padre cercano y que amaba incondicionalmente. Le reconocían autoridad a su enseñanza y, por eso, se acercaban a Él. Jesús anunciaba que el Reino de los Cielos se había acercado. Esto conectaba con las esperanzas mesiánicas del pueblo hebreo que espe...

JESÚS COMPASIVO

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  Se acercó entonces a Jesús un leproso y poniéndose de rodillas, le suplicó: Si quieres puedes limpiarme de mi enfermedad. Jesús, conmovido, extendió la mano, le tocó y le dijo: Quiero, queda limpio. (Marcos 1:40-41) La lepra era una dolencia terrible en la época de Jesús. El enfermo, no únicamente tenía que sufrir los efectos físicos de esta, sino también el estigma social -debían de vivir al margen de las personas sanas- y espiritual -a menudo se consideraba la lepra una consecuencia del pecado- y la persona enferma estaba privada de la comunidad de los creyentes. Jesús se encuentra pues ante un paria, un intocable, alguien que a duras penas sobrevivía y, si lograba hacerlo, era a costa de la caridad y misericordia de su familia en el caso que esta no lo hubiera repudiado. ¿Cómo reacciona Jesús? o mejor dicho ¿Cómo reacciona Dios ante una situación como esta? No hay ningún juicio acerca de su enfermedad ni por qué la padece. Hay sí, compasión ante la terrible situación de margin...