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¿CÓMO SE APRENDE A AMAR?

Y Dios ha demostrado que nos ama enviando a su Hijo único al mundo para que tengamos vida por medio de Él. Pues el amor radica no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino que Él nos amó y envió a su Hijo como víctima por nuestros pecados. Queridos,  si a tal extremo ha llegado el amor de Dios para con nosotros, también nosotros debemos amarnos mutuamente. (1 Juan 4:9-11)
Amar, amar, todo el mundo habla, canta, escribe y compone sobre el amor. Acabo de hacer una búsqueda en español de la palabra amor en Google y me ha devuelto la friolera de 1.110.000.000 entradas ¡Mas de un billón! Pero cuando Dios nos habla de amar y nos pide que amemos se nos ofrece Él mismo como referente, modelo y prototipo a seguir. El amor del Padre es incondicional, es decir, nos ama no debido a lo bueno que somos, sino más bien a pesar de lo malo que somos. El amor del Padre toma la iniciativa, tanto nos amó que dio. El amor del Padre es costoso, sacrificial; el Padre ama hasta que duele. El amor del Padre no…
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NO ME VENGAS CON TONTADAS

Queridos, Dios es la fuente del amor: amémonos, pues, unos a otros. El que ama es hijo de Dios y conoce a Dios. El que no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor. (1 Juan 4:7-8)

No me vengas con tonterías; tu espiritualidad, tu religiosidad es un quimera, una falsedad, un engaño si no estás amando a tu hermano. Es igual lo ortodoxo que seas. No importa que leas a los autores del culto que afirman tener la verdad, toda la verdad y nada más que su verdad. Si no amas a tu hermano, es decir, si no buscas su bien de forma proactiva e intencional ni amas a Dios ni tan siquiera lo conoces. Es más podemos afirmar, tal y como lo indica Juan, que tampoco somos reconocidos por Dios como sus hijos. Nuestra espiritualidad, nuestro amor al Padre se mide en niveles de amor al prójimo. Podría extenderme más sobre este punto, sin embargo, me da la impresión que Juan es lo suficientemente claro.

Según Juan ¿Qué evidencias hay en tu vida de que amas a Dios?




¿FIARSE DE LA CONCIENCIA?

Esta es la señal de que pertenecemos a la verdad y podemos sentirnos seguros en la presencia de Dios: que si alguna vez nos acusa la conciencia, Dios es más grande que nuestra conciencia y conoce todas las cosas. (1 Juan 3:19-20)
De la misma manera que las emociones no son un fundamento adecuado para sustentar nuestra relación con el Señor, tampoco lo es la conciencia. Muchas personas confunden ésta con el Espíritu Santo, y si bien es cierto que Él puede hablar a nuestra conciencia, son dos cosas diferentes. Nuestra conciencia forma parte del equipo que desde nacimiento el Señor nos ha dado para poder hacer una distinción entre el bien y el mal; Nuestra conciencia emite juicios sobre nuestras acciones, pensamientos, motivaciones y actitudes. todos los seres humanos tenemos conciencia. Pero también es cierto que la la misma se va formando y desarrollando en un contexto cultural y religioso que la va alimentando y desarrollando. Esa alimentación constituye el software que nuestra concien…

¿FIARSE DE LAS EMOCIONES?

Esta es la señal de que pertenecemos a la verdad y podemos sentirnos seguros en la presencia de Dios: que si alguna vez nos acusa la conciencia, Dios es más grande que nuestra conciencia y conoce todas las cosas. (1 Juan 3:19-20)

Sentirse seguro en la presencia de Dios. No siempre es fácil. Uno no puede fiarse de sus emociones para experimentar esa seguridad. Estas son cambiantes; en ocasiones nos hacen subir hasta las nubes y en otras nos hunden en el abismo. Además, tenemos la equivocada propensión a proyectar nuestras emociones sobre Dios, es decir, creemos que Él siente hacia nosotros lo mismo que sentimos hacia nosotros mismos. Cuando no nos gustamos, por la razón que sea, acostumbramos a creer que del mismo modo piensa y siente Dios hacia nuestras personas. Las emociones son, por definición incontrolables, y cuando dependemos de ellas para nuestra seguridad con Dios nos subimos a una montaña rusa emocional de subidas y bajadas que nada tiene que ver con las promesas bíblicas de a…

DE MUERTE A VIDA

Sabemos que por amar a nuestros hermanos hemos pasado de la muerte a la vida, mientras que quien no ama sigue muerto. Odiar al hermano es como darle muerte, y debéis saber que ningún asesino tiene dentro de sí vida eterna. Nosotros hemos conocido lo que es el amor en que Cristo dio su vida por nosotros; demos también nuestra vida por los hermanos. Pero si alguien nada en la abundancia y viendo que su hermano está necesitado le cierra el corazón, ¿Tendrá valor para decir que ama a Dios? Hijos míos ¡obras son amores y no buenas razones! (1 Juan 3:14-18)

Juan continúa con sus afirmaciones categóricas: Si no amamos a nuestros hermanos no hemos pasado de muerte a vida. Como ya dijo anteriormente nos engañamos a nosotros mismos si pensamos lo contrario y, además, dejamos a Dios por mentiroso. Hemos intelectualizado tanto la fe, hemos enfatizado tanto la ortodoxia, es decir, la creencia correcta, que nos hemos olvidado totalmente de la ortopraxis, es decir, la práctica correcta. En la Escritu…

¿ERES UN HIJO DEL DIABLO?

En esto se distinguen los hijos de Dios de los hijos del diablo: quien no practica el bien ni ama al hermano, no es hijo de Dios. (1 Juan 3:10)

Lo que afirma Juan es muy serio. Aquí no se está hablando de mayor o menor madurez en la vida cristiana; se están haciendo declaraciones muy fuertes y muy tajantes a la hora de determinar quién es un hijo de Dios y quién, por el contrario es un hijo del diablo. Según el apóstol lo que diferencia a unos de otros no hay que buscarlo en el plano intelectual ni doctrinal; hay que hacerlo en el plano de la conducta. Hay dos maneras de vivir muy claras y específicas que nos distinguen y califican como hijos de Dios: la práctica del bien -algo que, como todos sabemos, va orientado hacia mi prójimo- y el amor al hermano -es decir la búsqueda intencional y proactiva del bien del mismo-. Si ambas cosas están presentes en tu vida ¡Eres hijo de Dios! Si ambas cosas no están presentes ¡Eres un hijo del diablo! y esto, no lo afirmo yo, lo afirma con rotundid…

SER COMO JESÚS

Ahora, queridos, somos hijos de Dios, aunque todavía no se ha manifestado lo que hemos de ser. Pero sabemos que el día en que se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es.Esta esperanza que hemos puesto en él es la que nos va perfeccionando, como él es perfecto. (1 Juan 3:2-3)

Identifico dos ideas claves en este pasaje. La primera me habla de propósito y destino; la segunda de proceso. Cuando me miro a mí mismo adquiero plena conciencia de que no soy el ser humano que Dios tenía en mente cuando me creó. Soy el producto del pecado, un producto fallido, un proyecto que no pudo ser porque el pecado lo hizo inviable. Cuando miro a Jesús veo, por un lado, lo que yo hubiera podido llegar a ser, y por otro, lo que un día llegaré a ser gracias a su trabajo en mi vida. Porque Jesús es el auténtico ser humano, representa el tipo de personas que Dios tenía en mente que fuéramos y que el pecado, como ya comenté, abortó. Conforme nos vamos pareciendo más y más a Él nos vamo…