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SALMO 35/ MALTRATADOS

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Me devuelve mal por bien, todos me han abandonado. (Salmo 35) He leído que los salmos expresan los diferentes estados del alma humana y, por tanto, pueden ser usados como oraciones que nos ayudan a canalizarlos y verbalizarlos. Al leer este poema de David he pensado en tantas veces en que me he sentido injustamente tratado por aquellos que, al menos según mi perspectiva, habían recibido un buen trato por mi parte (He de reconocer que no he pensado de forma recíproca, es decir, cuántos que me he han hecho bien han sentido que yo no he estado a al altura de sus expectativas y no les he devuelto el mismo trato) Cuando este sucede, es decir, cuando hemos recibido un trato que consideramos inmerecido, son muchos los estados del alma que se generan y son precisamente los que en este salmo expresa David; injusticia, abandono, perplejidad, angustia, ira, amargura. Entiendo que todos ellos son normales porque son humanos, la cuestión es ¿Qué podemos hacer con ello...

SALMO 34/ PARA SER FELIZ

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¿Quién es el que ama la vida y desea días para ser feliz? Guarda tu lengua del mal, y tus labios de la mentira; aléjate del mal, haz el bien, busca la paz, marcha tras ella. (Salmo 34:13-14) Hay muchas fórmulas para una vida plena y feliz y el salmista nos ofrece la suya propia que tiene valor porque creemos que es inspirada por el Señor. Al mirar los ingredientes de la que propone veo que básicamente están muy orientados, o tienen mucho que ver, con las relaciones interpersonales. No cabe la menor duda que éstas son un ingrediente fundamental para poder vivir vidas llenas de sentido, satisfacción y felicidad. De lo mencionado por David dos aspectos tienen que ver con el control de nuestra lengua; los otros tienen que ver con el control de nuestras conductas. En esencia lo que nos está diciendo el salmista que no puede haber felicidad y amor por la vida cuando tenemos las relaciones interpersonales dañadas. Somos seres sociales, así nos ha creado y diseñado el Señ...

SALMO 33/ JUSTICIA

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Él ama la justicia y el derecho. (Salmo 33:5) Los cristianos evangélicos hemos entendido que nuestro Dios es santo; tenemos muy presente en nuestras mentes el pasaje de Isaías donde hay una visión de la santidad del Señor. De ella nace nuestro énfasis en la moral. Hasta aquí todo correcto, el problema surge cuando enfatizamos una parte de la verdad y con la misma pasión ignoramos y pasamos por alto otra. Nuestra moralidad se ha visto reducida a un puñado de temas que prácticamente son los únicos que nos mueven, la homosexualidad y el aborto a nivel público; los pecados de tipo sexual a nivel personal y comunitario. Nuestro énfasis en la santidad del Señor se ha hecho a costa de no hacerlo en su justicia. Se nos llena la boca hablando del Dios santo pero pocas veces se oye hablar del Dios justo. Porque precisamente de su justicia nace nuestro comportamiento ético, algo que debe teñir todas nuestras relaciones con el prójimo y la sociedad. Del mismo modo que el Dios sant...

SALMO 32/ 2/ DIRECCIÓN

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Yo te instruiré y te enseñaré el camino que debes seguir, te aconsejaré y pondré mis ojos en ti. (Salmo 32:8) A mí, personalmente, me encanta el caos. Me gusta un mundo que está lleno de grises, donde lo blanco y lo negro rara vez se dan, donde la realidad es poliédrica, tiene muchas vertientes y, por mucho que uno lo intente, es imposible abarcarlas todas. Me siento a gusto en ese mundo porque tengo la convicción que mi Dios es, no únicamente el Señor del orden, sino también el Señor del caos. Cuando la tierra estaba en un estado caótico, Dios ya estaba allí, Él ya era el Señor. Por eso estoy seguro y convencido -y así lo experimento- que podemos recibir de nuestro Dios la guía y dirección necesaria para navegar en este mundo de alta complejidad y, a la vez, ayudar a otros a orientarse. La promesa del Señor va claramente en ese sentido, instrucción, enseñanza y consejo. Ahora bien, todo eso no se recibe de forma instantánea e inmediata; estamos hablando de pr...

SALMO 32/ PERDONADO

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Dichoso aquel a quien se perdona su falta, a quien de su pecado se absuelve. Dichoso aquel aquel al que le Señor no le imputa culpa alguna. (Salmo 32:1-2) Una de las cosas más maravillosas del seguimiento de Jesús es poder experimentar el perdón de los pecados. Vivir con la culpa es duro y desgasta, puede hacer la existencia miserable y difícil de soportar. La culpa nos resta dignidad y nos recuerda una y otra vez que no merecemos tener una relación personal con Dios. La culpa nos enfrenta con nuestra propia realidad como seres caídos y miserables, sin embargo, lo hace desde un perspectiva disfuncional y enfermiza.  La culpa no es mala. Sentirnos culpables es un síntoma de estar sanos moral y espiritualmente. La carencia de culpa es, consecuentemente, un signo de dureza de corazón y, en grado extremo, de psicopatía. La culpa nos muestra que nuestros sensores morales y espirituales están en buenas condiciones, funcionan y tiene la capacidad para identificar situacio...

SALMO 31/ DESTINO

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Mi destino está en tus manos. (Salmo 31:16) Este salmo es una mezcla de angustia y esperanza a partes iguales. El salmista no le esconde al Señor su situación física, social y emocional. El mundo de David parece resquebrajarse a su alrededor sin solución de continuidad, no importa lo que haga no parece haber solución. Pero se produce una inflexión cuando afirma que su destino, su confianza está depositada en el Señor, quien es confiable como una sólida roca. Al leer las palabras que he reproducido reflexionaba sobre el carácter dinámico que tiene la vida. Hay momentos que sentimos que estamos en la cima, el viento soplando con toda fuerza en la popa y todas las circunstancias bajo control; nos sentimos invulnerables, dueños de nuestra vida y que nada ni nadie puede pararnos. Al día siguiente las cosas cambias; la vida da un giro brusco y sentimos que hemos perdido el control y con él toda la sensación de seguridad, estabilidad y autosuficiencia. Creo que las palabras d...

SALMO 30/ DESPREOCUPADO

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Yo pensaba despreocupado: ¡No caeré jamás! Con tu favor, Señor, me sostenías más firme que sólidas montañas, pero escondiste tu rostro y quedé desconcertado. (Salmo 30:7-8) El salmista narra su experiencia. Se sentía inmune, fuerte y seguro; no tenía que preocuparse de nada en absoluto. Estaba seguro que todo ello procedía de él mismo, de sus fuerzas, de su capacidad y sus recursos. Pero el salmo nos indica que de golpe la desgracia llegó a su vida y entonces ganó perspectiva y se dio cuenta que toda su estabilidad y seguridad había provenido del Señor y no su propia capacidad. Hizo falta el dolor y el sufrimiento para darse cuenta de cuán débil y vulnerable era y que detrás de toda su seguridad y prosperidad estaba el Señor. Las palabras de David son una invitación a estar alertas; a no pensar que somos autosuficientes y que somos nosotros los que tenemos el control y destino de nuestras vidas; a no creer que podemos sin Él. Tarde o temprano la real...