JESÚS, LO QUE LOS DEMÁS PIENSAN NO TE DEFINE
Y si somos hijos, también somos herederos: herederos de Dios y coherederos con Cristo, ya que ahora compartimos sus sufrimientos para compartir también su gloria. (Romanos 8:17)
Seguimos con la necesidad de responder a la pregunta acerca de quién somos. Una tendencia, como ya vimos, es definirnos por medio de aquello que logramos, por medio de nuestro estatus, poder, los roles que desempeñamos.
En ocasiones, llegamos a creer que somos lo que los demás piensan de nosotros mismos. Si los demás nos quieren, nos aceptan, nos incluyen; entonces somos valiosos, tenemos dignidad, somos alguien. El problema es que aquello que otros piensan de nosotros nos define. Somos lo que las personas que hay a nuestro alrededor piensan y dicen acerca de nosotros. Cuando esto pasa estamos constantemente gestionando las impresiones, es decir, acomodándonos para no ser rechazados por los demás, para que no nos dejen de lado, para que no nos rechacen. Si no me quieren no soy digno, consecuentemente, haré lo que sea necesario para que me quieran. Mendigaré amor, renunciaré a lo que me es legítimo, me adaptaré todo lo que sea necesario a sus expectativas, me entregaré a los demás para que de este modo me consideren necesario, me amen.
No somos aquello que otros piensan de nosotros. La opinión de los demás, los mensajes que recibimos de otros, los que hemos recibido tal vez desde nuestra infancia, no somos nosotros. No estoy diciendo que no hemos de escuchar a los que hay a nuestro alrededor, estoy diciendo que no podemos permitir que nos definan y que respondan a la pregunta de quién soy. En contraste, nuevamente, nos encontramos con lo que Dios dice de nosotros, sus hijos y sus herederos. Así es como el Señor nos ve, así es como nos percibe y considera.
En definitiva, todo se reduce a decidir a qué voces damos cabida en nuestras vidas. La voz de Dios o la voz de los demás. Creemos las mentiras acerca de nosotros mismos o la verdad que nos hace libres.
¿Vives como heredero o como esclavo de las opiniones de otros? ¿Gozando de la plena aceptación del Señor o mendigando la aprobación de otros?

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