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PAN (SALMO 119)

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  Jamás me olvido de tu Palabra, pues ella me da vida. (Salmo 119:93) En la Biblia cuando se habla de vida se mencionan dos realidades totalmente diferentes. El idioma griego, mucho más rico en matices que el nuestro, las diferencia con total claridad. Por un lado está "bios", que hace referencia única y exclusivamente a la vida física, a las funciones vitales que compartimos con el resto de los animales. Todos los seres vivos tienen "bios". Necesitamos bebida y alimento para sostener la vida; algunas personas son auténticas sibaritas en su alimentación, saben escoger la mejor comida y acompañarla con la bebida más adecuada.  Pero, por otro lado, está "zoe", que hace referencia a la vida trascendente, con sentido y propósito. Esta, a diferencia de la anterior, es exclusiva del genero humano. Podemos estar saciados de "bios" y totalmente "hambrientos" de zoe. Jesús, en el evangelio de Juan afirmó que había venido para que tuviéramos ...

¿CÓMO SERÁ TU VEJEZ? (SALMO 119)

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  Aunque ya estoy viejo y arrugado, no me olvido de tu Palabra. (Salmo 119:63) ¡Cómo olvidar la Palabra! Ha sido, precisamente ella, como instrumento moldeador de Dios, la que nos ha permitido llegar hasta donde estamos. Día tras día, año tras año nos ha ido revelando la voluntad del Padre, esa voluntad motivada e impulsada por el amor incondicional hacia nosotros. Le hemos dado lugar en nuestra vida, la hemos leído, meditado y aplicada y hemos segado los increíbles beneficios acumulativos de su influencia positiva en nosotros.  Su Palabra nos ha hecho sabios, nos ha enseñado acerca del Padre y sus intenciones, acerca de nosotros mismos y nuestras inconsistencias, acerca de nuestro prójimo y el porqué nos resulta tan difícil la convivencia y qué podemos hacer al respecto. Nos ha enseñado a amar y valorar la creación del Señor. Daniel Levinson escribió una obra monumental acerca del desarrollo humano y las diferentes etapas en la vida de una persona. Afirma que cada etapa ...

SEÑOR DOLOR, EL MAESTRO (SALMO 119)

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  Antes de haber sufrido pequé, pero ahora respeto tu Palabra... Me vino bien haber sufrido para así aprender tus normas. (Salmo 119: 67 y 71) El dolor y el sufrimiento, como tantas cosas en la vida, son complejos y no sirve una simple y única receta o acercamiento para explicarlo todo. En ocasiones, los experimentamos de forma injusta. Las acciones de otros tienen una repercusión sobre nosotros que nos convertimos en meros agentes pasivos de las consecuencias de las decisiones conscientes o inconscientes tomadas por otros. En otras ocasiones, el dolor y el sufrimiento forman parte de la realidad de que somos seres humanos. No ha existido ni existirá ninguna persona que más tarde o más temprano no lo tenga que recibir en su vida. Hasta cierto punto lo aceptamos; la muerte de una persona normal es considerada como parte de un proceso normal. La muerte en un joven nos parece anti natural y nos golpea. El salmista no está hablando en este pasaje del dolor y el sufr...

RESTAURAR (SALMO 119)

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  He reflexionado sobre mi conducta, me comporto según tus mandamientos. (Salmo 119:59) Hay que cumplir los mandamientos del Señor. Él está atento y controlando a cada persona que se identifica como cristiana para ver el grado de obediencia, y presto para castigar a aquellos que por acción u omisión se los salten. Siempre hay ojo observador, consecuentemente, hemos de ir con cuidado. Es una relación basada en el miedo y la desconfianza. Por burdo que pueda parecer el párrafo anterior refleja la relación que muchas personas tienen establecida con el Señor. Una relación basada en el miedo, la inseguridad y la desconfianza. Dios continúa siendo percibido como el juez implacable, no como el Padre amoroso. Ya lo decía bien el apóstol Juan, el amor echa fuera el miedo; el que tiene miedo no ha entendido para nada el amor. Yo creo, y así lo he experimentado una y otra vez, que sus mandamientos traen vida. Que Dios es un Dios de amor, gracia y compasión y que cada uno de sus...

ESPERANZA (SALMO 119)

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  Recuerda la promesa hecha a tu siervo, la que mantiene mi esperanza. Esto me consuela cuando sufro: que tu promesa me da vida. (Salmo 119:49-50) Leyendo acerca de la esperanza me ha sorprendido que una de las explicaciones afirma que es un estado de ánimo optimista, en el cual aquello que queremos o aspiramos nos parece posible. La verdad, me ha sorprendido; me ha parecido como una especie de truco mental que nos juega el cerebro para ir tirando contra viento y marea ante las realidades de la vida. Eso da sentido a expresiones de la vida cotidiana tales como: la esperanza es lo último que se pierde. Me ha hecho pensar en aquellas situaciones en que nos aferramos a una posibilidad remota ante una situación adversa. Necesitamos esperar aunque racionalmente sabemos que no hay nada en qué esperar.  La esperanza del seguidor de Jesús es radicalmente diferente, parte de premisas distintas. No es un estado de ánimo que haga que parezca posible una cosa, es una certez...

LA DANZA (SALMO 119)

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Muéstrame, Señor,, el camino de tus normas, que yo las guardaré hasta el fin. (Salmo 119:33) Al pensar en este pasaje vino, de forma inmediata, a mi mente la idea de la danza, el movimiento acompasado entre dos bailarines. Porque en esta enseñanza de la Palabra veo claramente una danza en tres movimientos; los cuales, todos ellos, han de darse para crear la belleza.  El primer movimiento es un acercamiento por nuestra parte hacia Dios en busca de conocer y comprender sus normas, principios o preceptos para poder vivir nuestra vida de acuerdo con su sabiduría. Es un movimiento intencional, pro-activo por nuestra parte, que nace de nuestra voluntad. Este primer paso es fundamental y sin él la danza no puede suceder.  El segundo movimiento es la respuesta de Dios. Es el Padre respondiendo graciosamente a nuestro acercamiento. Consiste en mostrarnos cómo vivir. Lo hace por medio de su Palabra escrita, el ejemplo eterno de Jesús y el trabajo singular y únic...

PENA (SALMO 119)

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  Me estoy consumiendo de pena, confórtame según tu promesa. (Salmo 119:28) La pena es un sentimiento grande de tristeza que inunda el corazón. La pena abate y nos sume en un estado de desesperanza. La versión TLA lo describe de una forma muy potente cuando afirma: "estoy muy decaído y el dolor me está matando". La pena es un sentimiento normal en la vida de cualquier persona, sea o no creyente. Es una respuesta ante una situación real o posible, presente o futura. Lo anormal sería no sentir pena delante de ciertas cosas que la vida nos trae. Sentir pena no es una falta de fe ni de confianza en el Señor; es una respuesta normal ante la vida y sus realidades.  El punto clave es qué podemos hacer con ella. La pena, si no es tratada y gestionada nos puede hacer muchísimo daño y llevarnos a un punto de paralización, anulando nuestra capacidad de lidiar con la vida.  El propio salmista nos da pistas al respecto. En ese mismo fragmento del salmo indica en un par de oc...