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¿PIENSAS QUE SABES AMAR? (UNA REFLEXIÓN EN SAN VALENTÍN)

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  El que no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor. (1 Juan 4:8) ¿Estás seguro que sabes amar? ¡Vamos a verlo! Una famosa canción de los Beatles afirma que todo lo que necesitas es amor. Hoy, día 14 de febrero, se celebra el día del amor, personificado en San Valentín, un santo que fue retirado del santoral católico después del Concilio Vaticano II por las dudas acerca de su existencia. Poca gente duda de la importancia del amor y cuán necesario es para la vida humana. El hecho de que las Escrituras nos indiquen que Dios es amor es tal vez el origen de esa necesidad humana tan profunda. El idioma castellano es muy pobre en comparación con el griego o el hebreo. Los helenos tenían cuatro palabras para definir el amor porque pensaban que no había un único tipo de amor. Nuestra pobreza ha hecho que esos cuatro amores se hayan traducido o simplificado con una única palabra; consecuentemente, nos hemos quedado con confusión y pobreza para expresar una realidad tan grande como el amor...

LAMENTO Y ESPERANZA (SALMO 102)

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  No me ocultes tu rostro cuando estoy angustiado; acerca hacia mi tu oído, respóndeme pronto si te llamo. Pues mi vida se desvanece como el humo, mis huesos arden como una hoguera; mi corazón se seca como hierba segada, hasta de comer mi paz me olvido. De tanto gritar sollozando tengo los huesos pegados a la piel. (Salmo 102:2-5) Algo que he aprendido estos días es que el lamento no está reñido con la esperanza. No son dos cosas antagónicas, enfrentadas entre sí. El que lamenta no carece de fe ni confianza en Dios, no ha perdido la esperanza. El que lamenta simplemente expresa lo que hay en su corazón, se dirige al Señor con una honestidad que el Padre, no solamente no rechaza, sino que honra. Fue Jesús quien afirmó que aquellos que se lamentan son felices porque ellos recibirán el consuelo que viene de Dios.  Los salmos están llenos de oraciones de lamento como la que acabo de reproducir. Oraciones duras, honestas, descarnadas, llenas de dolor y de desesperación. Sin em...

BUCLES DE RELACIÓN (SALMO 101)

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  No quiero nada con los desobedientes. ¡Odio todo lo que hacen! Me alejaré de los malos pensamientos y no participaré en nada malo. Destruiré por completo al que hable mal de su amigo; no soportaré a mi lado al que se crea más importante y más inteligente que los demás. Pero si me juntaré con la gente obediente de este país; solo estará a mi servicio quien lleve una vida correcta. ¡Ningún mentiroso podrá vivir bajo mi techo! ¡Ningún hipócrita podrá estar en mi presencia! (Salmo 101:5-8) Es David quien proclama estas palabras. El rey salmista nos enseña un principio de vida muy importante, con quién nos relacionamos y qué influencia esas personas tiene sobre nosotros. Por extensión también podríamos afirmar qué influencia ejercemos nosotros sobre aquellos que están en nuestro círculo relacional. Es importante pararnos y pensar al respecto. Es posible que estemos rodeados de personas cuya influencia sobre nosotros sea negativa, perjudícial, incluso tóxica. P...

ESENCIALMENTE AMOR

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  Porque el Señor es bueno, su bondad perdura por siempre, su fidelidad por generaciones. (Salmos 100: 5) Me pasa con frecuencia (yo diría que excesiva) que cuando hablo del amor de Dios, su gracia y su misericordia, siempre hay interlocutores que me puntualizan afirmando que también es justo y castiga el pecado. Es como si hubiera una necesidad de poner un contrapunto, como si hubiera miedo de que tanto amor y tanta gracia se nos fuera de la mano y nos llevara al libertinaje, a la vida disoluta. Me pregunto si eso no será una proyección de los propios miedos de la persona, de su inseguridad ante la libertad que nos ha dado Cristo y a la que como hijos hemos sido llamados. No niego la justicia de Dios; tampoco siento que sea mi responsabilidad determinar cómo  a quién se la aplica, pero no puedo dejar de afirmar el amor, la bondad y la fidelidad del Señor como lo afirman las Escrituras.  Éxodo 34:6 nos narra un episodio muy singular. Dios se revela a su amigo Moisés, con ...

SESGOS (SALMO

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  ¡Dios es santo! Rey poderoso que amas la justicia, tú mismo estableciste la equidad, la justicia y el derecho. (Salmo 99:3-4) Un sesgo es un atajo mental. Nuestro cerebro lo usa para poder manejar realidades que son muy complejas (es decir, que tienen muchos matices, aristas, formas de ser entendidas) y que nos desestabilizan cognitivamente al tener que pensar y tratar de entenderlas. Pondré un ejemplo muy español; todos los emigrantes son malos, vienen a robarnos los puestos de trabajo. Con este sesgo nos evitamos el tener que pensar en la compleja realidad de la emigración, sus causas, las necesidades detrás del que emigra, la singularidad de cada emigrante con su historia personal detrás. El sesgo simplifica y nos hace sentir mejor y más tranquilos. No hay pensar ni discurrir, todo es blanco o negro, bueno o malo, de izquierdas o de derechas. Además, cuantas más personas comparten un sesgo más real parece y más se retroalimentación a sí mismo. También hay sesgos teol...

PORQUE.... (SALMO 98)

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  Cantad al Señor un cántico nuevo porque ha hecho maravillas. (Salmo 98:1) En tiempos de dolor (la dimensión física) y sufrimiento (la dimensión emocional) es más importante que nunca el obtener perspectiva, el ver las cosas con claridad, el enfocar para que la realidad no se nos escape y nos enturbie la visión. Dolor y sufrimiento pueden distorsionar nuestra perspectiva de la realidad. Podemos experimentarlos con tanta intensidad que nos impidan ver nada más; nos prevengan de poder ver el bosque que existe detrás de nuestro personal y particular árbol.  Cuando enfocamos podemos identificar las maravillas del Señor incluso en medio del dolor y el sufrimiento, o mejor, dicho, en el dolor y el sufrimiento. Podemos experimentar esa paz, consuelo, fuerzas renovadas y esperanza que únicamente pueden venir de Él, que nosotros no tenemos la capacidad de generar.  En los buenos tiempos debemos de cantar al Señor por todas sus bendiciones, reconocerlas, escribirlas, comparti...

ODIAR EL MAL (SALMO 97)

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  Tú amas y proteges a quienes odian el mal y te obedecen, tú los libras de los malvados. (Salmo. 97:10) Cierra tus ojos e imagina por un momento cómo te gustaría que fuera la humanidad, qué valores desearías que albergara, qué conductas la caracterizaran, cómo añoras que fueran las relaciones interpersonales entre sus miembros. Ahora, vuelve a hacerlo pensando en cómo quisieras que fuera el mundo en el que vivimos, qué hacemos con los recursos naturales, cómo distribuimos la riqueza, cómo tratamos a la creación, qué está sucediendo con la pobreza, la violencia y la injusticia. Pues bien, eso mismo es lo que desea Dios. Para eso vino Jesús, no únicamente para darnos un boleto al cielo, sino para crear una nueva humanidad -de la cual, Él es hermano mayor, el prototipo, el modelo- y una nueva creación -el Reino de Dios- donde su voluntad es hecha. Una reconciliación de todas las cosas con Dios por medio de Jesús, tanto aquellas que están arriba en los cielos como las que están abajo ...