JESÚS, DEJA QUE PONGA LUZ EN TU VIDA

 


Jesús se dirigió de nuevo a los judíos y les dijo: Yo soy la luz del mundo. El que me sigue no caminará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida. (Juan 8:12)

 

La luz ilumina las cosas, pone de manifiesto lo que hay. Jesús afirma ser la luz del mundo, pero, también la luz de las personas, de ti y de mí. En mi propia experiencia la luz del Maestro ha significado poder tener acceso a áreas y realidades de mi vida que de lo contrario hubieran quedado ocultas y al quedar ocultas no hubiera podido hacer nada al respecto con ellas. Pero que las ignorara no significaba que no estuvieran actuando sobre mi vida y, al menos en mi caso, de una manera negativa, muy negativa. En coaching hay una frase que tiene mucho sentido. Afirma que las cosas que ignoramos nos controlan; las que conocemos las podemos gestionar. Cuando permitimos que Jesús eche luz sobre esas realidades, aunque puedan ser dolorosas y no nos gusten, podemos con su ayuda hacer algo al respecto, trabajarlas, permitir que Él las cambie. Como afirman sus palabras, ya no tendremos que caminar en tinieblas y, además, experimentamos nuevas dimensiones en nuestras vidas.

 

Pero ¿cómo se lleva a esto a la práctica? Te cuento como yo lo hago. Las palabras del salmo 139:23 y 24 siempre me han guiado en esta dirección. Poner la vida, las motivaciones, acciones, pensamientos, omisiones ante su presencia con una honesta intención de que Él eche luz sobre ellas y nos muestre ¡Y te aseguro que lo hace! Qué cosas deberían ser diferentes.

 

Piensa en tu propia vida ¿Qué áreas estás ocultando a Jesús sobre las que no quieres que haya luz? ¿Qué pasaría si la hubiera?


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