JESÚS, CONDUCTAS OBSERVABLES
Por el fruto se conoce al árbol. (Lucas 6:44)
Es una obviedad. Si te acercas a un árbol y encuentras melocotones, las posibilidades de que sea un melocotonero son del 100%. No importa si hay a su lado un cártel que indique que es un ciruelo. Pudiera darse el caso de que varios árboles se parecieran entre sí, sin embargo, el fruto es la prueba irrefutable de su identidad.
Jesús viene a decir lo mismo con relación a las personas. Pueden decir lo que quieran, identificarse como deseen, pero, en definitiva, su estilo de vida será la prueba definitiva de qué son. No basta con que asistamos a una congregación cristiana, nos identifiquemos con el Maestro e incluso que nos adhiramos a los valores tradicionales del cristianismo. Las conductas observables y verificables son la única evidencia de la genuinidad de nuestras afirmaciones. Santiago, el hermano de Jesús, lo expresó con otras palabras al decir que la fe que no se expresa por medio de conductas observables para uno mismo y los demás es una fe muerta.
Pensemos por un momento en el Jesús descrito en los evangelios. Observémoslo y evaluemos nuestras vidas a la luz de esa observación. ¿Cuánto de su carácter y su forma de vivir es observable en nosotros? Hacer esta observación es el punto de partida para ver dónde estamos y en qué dirección deberíamos ir.

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