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ERES MORADA DE DIOS

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  ¿Ignoráis acaso que sois templo de Dios y morada del Espíritu divino? (1 Corintios 3:16) Para mí hay tres grandes cambios que Jesús introdujo: Se acabaron las castas sacerdotales o pastorales ya que todos somos sacerdotes. Finalizó la distinción entre lo sagrado y profano ya que con la encarnación Jesús convirtió en sagrada todas las dimensiones de la experiencia humana. Finalmente, ya no hay lugares especiales a los que haya que asistir para encontrarse con Dios, nosotros somos el templo en el que Él habita. A pesar de esos tremendos cambios de paradigma que el Maestro introdujo, sus seguidores, poco a poco, unas confesiones en mayor medida que otras, los hemos ido erradicando y fortaleciendo el viejo modelo de sacerdotes, templos y una estricta división entre la vida profana y la sagrada. Hemos de felicitarnos, Jesús vino para liberarnos y nos hemos vuelto, gustosamente, a encadenar al viejo orden. Hoy quiero hacer énfasis en la realidad de que soy templo de...

ERES COLABORADOR DE DIOS

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  Nosotros somos colaboradores de Dios. (1 Corintios 3:9) ¡Qué título tan honroso! El Padre nos considera colaboradores suyos. Personas invitadas a unirnos a Él en sus planes y esfuerzos por y para la humanidad. Entender cuáles son esos planes del Padre nos puede dar una mejor comprensión de cómo podemos colaborar con Él y, al entenderlo, aplicarlo y aterrizarlo en nuestra vida cotidiana. La Escritura nos indica que el Señor desea que todas las personas sean salvas y puedan venir al conocimiento de la verdad. Fundamentalmente, eso se lleva a cabo por medio de la proclamación del Reino, del mensaje de salvación. Ahí ya podemos colaborar con Él dando a conocer este mensaje de reconciliación con todos aquellos que viven en nuestros círculos de influencia. Compartir la buena noticia es colaborar con Dios. Sin embargo, también es cierto que algunos de nosotros hemos agotado nuestros círculos, ya hemos compartido con todos aquellos que pertenecen a ellos y hemos obtenido a...

INFANTILISMO ESPIRITUAL

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  Hermanos, no me fue posible entonces trataros como a personas animadas por el Espíritu; tuve que hacerlo como a personas inmaduras, como a cristianos en estado infantil. (1 Corintios 3:1) Pablo describe así a los seguidores de Jesús que formaban parte de la comunidad de Corinto. La verdad es que el infantilismo espiritual sigue siendo una constante en muchas comunidades cristianas a lo largo y ancho de este mundo. El apóstol les llama personas que no están guiadas, animadas por el Espíritu Santo (Supongo que a estas alturas ya entendemos la diferencia entre el hecho de que el Espíritu viva en nosotros y que sea quien nos dirija y determine nuestras conductas cotidianas. Si esta diferencia no está clara podría ser un signo evidente de infantilismo) y personas inmaduras, es decir, poco formadas en su perspectiva (Ayer hablábamos de tener la mente de Cristo), sus valores, sus conductas. El apóstol también nos indica algunos criterios objetivos que son evidencia de lo anteriorme...

LA MENTE DE JESÚS

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  ¡Ahora bien, nosotros estamos en posesión del modo de pensar de Cristo! (1 Corintios 2:16) Nada más leer este fragmento de la carta a los Corintios han venido a mi mente las palabras de Isaías: porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni mis caminos vuestros caminos, dijo el Señor. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos. (Isaías 55:8-9) Pero, al escribir lo que Dios dijo a través del profeta, lo asocié con las palabras del Maestro dirigidas a un sorprendido Pedro: No piensas como piensa Dios, sino como piensa la gente (Mateo 18:23). ¿Poseemos el modo de pensar de Cristo? Es fácil afirmar que si, que naturalmente que lo poseemos. Pero, profundicemos un poco más ¿Qué significa tener la forma de pensar de Jesús? ¿Qué evidencias lo ponen de manifiesto en nuestra vida cotidiana? ¿Cómo responderíamos esta pregunta: Poseo el modo de pensar de Cristo porque....? ¿C...

CADA VEZ CONFÍO MENOS EN MIS CAPACIDADES

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Mi predicación y mi mensaje no se apoyaban en una elocuencia inteligente y persuasiva; era el Espíritu Santo con su poder quien os convencía, de modo que vuestra fe no es fruto de la sabiduría humana, sino del poder de Dios. (1 Corintios 2: 4-5) Más de una veintena de libros escritos, centenares de eventos en los que he participado, cursos que he tomado para pulir mis competencias existentes y añadir otras nuevas. Libros y más libros que he leído y continúo leyendo de forma sistemática. Mis conocimientos y experiencia en el ámbito ministerial y mi capacidad para comprender al ser humano han crecido y siguen creciendo, pero, paradójicamente, cada vez me fío de todo esto y cada vez me siento más incompetente en el trabajo del Reino. No desprecio nada de lo anterior; prueba de ello es que sigo formándome y mi curiosidad y ganas de aprender son insaciables. Pero, me doy cuenta que todo ello no puede cambiar el corazón de una persona. Que cuando la fe de un no creyente o el crecimi...

EL CRISTIANISMO ES ABSURDO

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El lenguaje de la cruz es ciertamente un absurdo. (1 Corintios 1:19) Del latín absurdus, el término  absurdo  hace referencia a aquello que carece de sentido o que es opuesto o inverso a la razón. El concepto también se refiere a lo extraño, raro, descabellado, ilógico o insensato. Todo es absurdo en el cristianismo. Absurdo que Dios decidiera hacerse como uno de nosotros y participar de la experiencia humana. Absurdo que no se codeara con los ricos, poderosos, influyentes de su tiempo. Absurdo que no viniera a ser servido sino a servir. Absurdo que quisiera morir por mí para darme la oportunidad de ser la mejor versión de mí mismo. Absurdo que me acogiera como hijo de vuelta en casa a pesar de todo mi historial. Absurdo que me invite a unirme a Él en la tarea de construir el Reino siendo un agente de restauración y  reconciliación. Absurdo que continúe teniendo paciencia conmigo a pesar de todas mis inconsistencias e incoherencias. Absurdo que me siga dando oportuni...

EDIFICA

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  Pero tengo algo que pediros, hermanos, y lo hago en nombre de nuestro Señor Jesucristo, que haya concordia entre vosotros. Desterrad cuanto signifique división y recuperad la armonía pensando y sintiendo lo mismo. (1 Corintios 1:10) Los bandos y facciones en las comunidades de seguidores de Jesús han sucedido desde el principio de la Iglesia y, lamentablemente, sigue dándose hoy en día. Pablo, al comienzo de su carta habla hasta de cuatro grupos diferentes con lealtades diferentes y parece ser que enfrentados entre ellos. Mi larga experiencia de vida eclesial con varias divisiones de comunidades a mis espaldas me ha enseñado que el problema es no dejarnos guiar por el Espíritu del Señor y no buscar el bien común. Los personalismos y los egos se esconden detrás de matices doctrinales, sofisticados reglamentos de iglesia y distintivos denominacionales.  La Biblia, como siempre, nos muestra un camino fácil ¡Pero a quién le interesa lo que la Palabra pueda de...