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LA FINALIDAD

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  Pues la misión de la Ley es hacernos conscientes del pecado. (Romanos 3:20) Si algo caracterizaba a la Ley era la imposibilidad de cumplirla. Pablo indica que sus contemporáneos habían perdido de vista la finalidad de esta; no era salvar sino ayudarnos a tomar conciencia que tenemos un problema de fondo, nuestro pecado, entendido este como la ruptura de nuestra relación con Dios. No entender la finalidad de la Ley solo produce frustración ante la incapacidad de cumplirla como medio para estar a bien con el Señor.  Pero yo no soy judío ni vivo en el siglo I, soy europeo y vivo en el complejo y relativista siglo XXI y, por tanto, necesito un equivalente dinámico a lo que Pablo escribió en su día. Lo encuentro en Jesús.  Nuestra sociedad no tiene héroes, tiene ídolos. Carece de referentes, pero sobran los "influencers". Por eso, creo que necesitamos desesperadamente volvernos hacia la figura de Jesús como ser humano. La finalidad de su encarnación -entr...

ADMINISTRADOR

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  Dios confío sus promesas a los judíos. (Romanos 3:2) La mejor definición que he leído de confianza es aquella que afirma: confianza es la medida en que me siento seguro contigo. Produce un gran alivio cuando puedes confiar en alguien; desaparece la ansiedad, la inseguridad, la duda, la preocupación. Tienes, por decirlo de algún modo, las espaldas cubiertas. Puedes descansar. Eso es lo que Pablo debió de tener en mente cuando afirmó que el Señor confiaba en los judíos para que hicieran un buen uso de sus promesas. Que no lo hicieran no dice nada malo del Señor, sino de ellos. Pero es fácil centrarnos en lo mal que lo hizo Israel y olvidarnos de lo mal que, tal vez, probablemente, lo estamos haciendo nosotros. Como seguidores de Jesús somos los responsables de "velar" por la imagen de Dios en este mundo roto. Se no ha confiado su representación, sus promesas, el comunicar de forma clara su interés por la humanidad al margen de que esta lo merezca o no. Cada uno de nosotros o ...

INCOHERENCIA

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  Pues bien, ¿por qué no aprendes, tú que enseñas a los otros? (Romanos 2:21) Incoherencia, actitud ilógica e inconsecuente con los principios que se profesan. Pablo indica que esa era la actitud de los judíos de su tiempo. Se sentían orgullosos de tener la Ley y la circuncisión y despreciaban al resto de la humanidad. Los miraban con desdén por encima del hombro.  El apóstol indica que ambas cosas, la circuncisión y la Ley, carecen de valor si no se practica la voluntad del Señor. No es el conocer sino el vivir lo que cuenta a los ojos de Dios. Es más, afirma que aquellos que practican la voluntad del Señor aunque no la conozcan serán los jueces de los teóricos. Todo lo que Pablo habla acerca de los judíos es totalmente aplicable a los seguidores de Jesús. Sin duda, para Dios lo que cuenta es la creencia correcta (ortodoxia) que lleva a la práctica correcta (ortopraxis). Si la primera no genera la segunda no sirve para nada. Aplícate el cuento, dice el refrán. Médico cúr...

POR LA BOCA MUERE EL PEZ

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  Por eso, tú, quienquiera que seas, no tienes excusa cuando te exiges en juez de los demás. Al juzgar a otro, tú mismo te condenas, pues te eriges en juez no siendo mejor que los demás. (Romanos 2:1) El refrán dice que por la boca muere el pez. El significado es que cuando abrimos la boca más de la cuenta y hacemos juicios no meditados, nos convertimos en rehenes de nuestras propias palabras y pensamientos.  Cuando emitimos un juicio sobre otros estamos reconociendo, seamos conscientes o no de ello, la existencia de una ley, un patrón o una norma bajo la cual medimos a esas personas. Las medimos y, por decirlo de alguna manera, consideramos que no dan la talla y, consecuentemente, las condenamos. Pero esa misma ley que usamos para juzgar a otros se vuelve contra nosotros mismos. Nos quita el papel de jueces y nos convierte en reos, ya que al juzgar a otros le hemos dado a la ley autoridad para hacer lo mismo con nosotros. No juzguéis, afirma el Señor Jesús, para que no s...

OSCURIDAD

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  Al contrario, se han dejado entontecer con varios pensamientos y su necio corazón se ha llenado de oscuridad. (Romanos 1:21) Físicamente hablando la oscuridad no tiene entidad propia, es tan solo la ausencia de luz. Cuando la esta se retira gana terreno la oscuridad, va llenando todo el espacio que la luz abandona y, cuando esto sucede, y más profunda y penetrante se vuelve la oscuridad, más vamos perdiendo la capacidad de ver, de discernir matices, de ubicarnos, de tener un sentido de dirección y fácilmente puede crecer el miedo y la inseguridad que acompañan a la oscuridad.  Dios es luz, por tanto, cuando nos alejamos de Él, ya sea fruto de una rebelión activa o una indiferencia pasiva, ese terreno se va llenando de oscuridad y las consecuencias que de ello se derivan. Nuestro discernimiento espiritual pierde nitidez, nuestra capacidad de ubicarnos en el mundo en que vivimos se diluye, nuestra capacidad de distinguir el bien y el mal se enturbia, nuestro sen...

VERGÚENZA

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  No me avergüenzo del evangelio. (Romanos 1:16) No hay que confundir vergüenza con bochorno. Esto último es lo que podemos experimentar cuando hacemos algo que está socialmente fuera de lugar. Por ejemplo, estamos en un concierto o en el cine y nuestro teléfono móvil comienza a sonar a toda potencia. Sin excepción, todos los que están a nuestro alrededor nos miran con un tono de desaprobación. Nos sentimos abochornados aunque tal vez usemos la palabra avergonzados. La vergüenza es algo más profundo. Es la plena conciencia de no ser el tipo de persona que deberíamos ser, que los otros esperan que seamos, y como no estamos a la altura sentimos que no somos dignos, adecuados, correctos. En fin, que algo erróneo debe de haber en nosotros. La vergüenza tiene que ver con lo que soy, no con lo que hago. Las personas, las familias y las organizaciones (incluidas las iglesias) escondemos cosas que no queremos que se sepan, que nuestro entorno conozca. Consideramos ...

DEUDA DE AMOR

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  Ya que me debo por igual a civilizados y a no civilizados, a sabios e ignorantes. (Romanos 1:14) La deuda de amor. Lo que el Señor ha hecho por mí y en mí me genera una deuda de amor hacia Él y hacia mi prójimo. Hacía el Señor porque la única respuesta posible a la gracia es el tratar -insisto en la palabra tratar- de agradar a aquel que de una forma tan increíble e incondicional me ha amado. No porque dejar de agradarle me podría hacer perder su gracia; antes al contrario, sino porque nada de lo que haga o deje de hacer puede alterarla, ¿Qué otra cosa puede hacer sino amarle? Hacia mi prójimo porque cuando he experimentado el increíble valor añadido que Dios ha traído a mi vida, no puedo guardármelo para mí y no compartirlo con otros. Cuando veo tanta necesidad material, física, emocional, espiritual e intelectual a mi alrededor no puedo guardarme este tesoro para mí, tengo una deuda con todos los seres humanos, tal y como decía el apóstol, judíos y gentiles, sabios e ignor...