JESÚS, A LA MESA CON INDESEABLES
¿Cómo es que vosotros os juntáis a comer y beber con publicanos y gente de mala reputación? (Lucas 5:30)
Personalmente creo que estoy más cerca de los fariseos y los maestros de la ley que de Jesús. Hay muchas categorías de personas que me producen rechazo por lo que piensan, por como visten, por como sienten, en definitiva, por quienes son. Si a eso uno aquellos que me son indiferentes, no siento que sea fiel al espíritu de Jesús.
El problema de los religiosos en el tiempo del Maestro no era el que no estuvieran enfermos sino que no tenían conciencia de serlo y, consecuentemente, no sentían ninguna necesidad de ser sanados. La oración que Jesús en la parábola del fariseo y el publicano puso en los labios del primero de ellos lo dice todo: "Señor, te doy gracias porque no son como ese pecador". La religiosidad del mismo no estaba basada en lo que él era, sino en lo que los otros eran. Nunca llegaría a tener suficiente autoconciencia para darse cuenta de su situación, todo lo contrario que el pecado que le acompaña en la historia.
Creo que sería un saludable ejercicio leer los relatos en que Jesús habla de los fariseos y hace juicios sobre ellos como si se tratara de nosotros mismos, como si estuviera hablando de nosotros. Así me he sentido hoy al leer esta historia acerca de Mateo y sus amigos y darme cuenta cuanto indeseable hay por ahí suelto al que nunca invitaría a mi mesa. Eso sí, los juzgo y me siento tan ricamente y agradecido al Señor por no ser como ellos.

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