JESÚS, TENTACIONES
Lucas en el capítulo cuatro de su evangelio en los versículos 1 al 13 narra las tentaciones de Jesús en el desierto. Creo que nada es casual en los relatos evangélicos, tampoco lo es la ubicación de las tentaciones justamente después del bautismo de Jesús y la declaración del Padre acerca de su identidad.
No son pocos los comentaristas bíblicos que han visto en estas tentaciones, entre otros matices, un cuestionamiento de la identidad de Jesús. Dos de las tentaciones comienzan con un cuestionamiento de la misma: si realmente eres el hijo de Dios..., haz esto o aquello. El Maestro no se deja intimidad por este cuestionamiento y en las tres ocasiones responde con la Palabra.
Si Jesús fue tentado a validar su identidad al margen de la declaración del Padre sobre quién era Él, sería ridículo pensar que nosotros nos vamos a ver a salvo de semejante situación. Lo más normal es que Satanás -quien es real y no una entelequia espiritual- nos cuestione, nos haga dudar de quienes somos. Cada uno de nosotros es único y singular pero, hay estrategias comunes que usa y que sonarían del siguiente modo: Si verdaderamente fueras hijo de Dios, no tendrías los pensamientos que tienes, o no actuarías de la forma en que lo haces, o no volverías a caer en el mismo pecado una y otra vez, o serías más santo, o más comprometido, o... puedes. añadir tantas situaciones como vengan a tu mente.
Es normal, somos gente en proceso y esto mismo él lo usa en contra nuestro para hacernos dudar de nuestra identidad y del afecto del Padre. Jesús nos enseña el camino a seguir para afrontar esta situación: agarrarnos a la Palabra del Señor, a lo que Él ha dicho y continúa diciendo sobre nosotros, que somos sus hijos amados.

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