JESÚS EN COMUNIÓN
¿Por qué se sienta a comer con esa clase de gente? (Marcos 2:17)
En la Palestina de la época de Jesús participar de la comida era una de las mayores muestras de intimidad y afecto. No invitabas a tu mesa a cualquiera. Tampoco aceptabas la invitación de cualquiera. Invitar o aceptar implicaba una asociación entre ambos, el anfitrión y el huésped.
Jesús era plenamente consciente que su comunión con los pecadores y gentes de mal vivir iba a afectar su reputación y cómo era percibido por la sociedad, especialmente, como así fue, por aquellos religiosos que eran los guardianes de la moral y las buenas costumbres. No parece que al Maestro le importara lo más mínimo la imagen que estos últimos pudieran formarse de Él. Para Jesús era claro que su propósito, la razón de su venida era dar a todo ser humano, sin excepción, la posibilidad de saberse amado y aceptado por Dios.
Una buena pregunta es si nosotros, los que nos consideramos sus seguidores, estamos animados por ese mismo espíritu. Si tenemos esa capacidad de sentir amor por los pecadores, por los que viven, ya no al margen del Señor, sino en abierta rebelión contra Él y hacen clara gala de ello. ¿Con quién nunca nos sentaríamos a la mesa? ¿Con quién nunca nos asociaríamos? ¿Dónde está nuestra realidad espiritual al lado de Jesús o al lado de los que se preguntan el cómo es posible la asociación con esa clase de gente?

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