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¿PERO COMIENZAS EL DÍA?

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Señor, por la mañana escuchas mi súplica; de madrugada ante ti me presento y me quedo esperando. (Salmo 5:3) En mi entrada anterior hablaba de cómo acabar el día (te animo a leerla), en esta quiero hablarte de cómo empezarlo. Todos los expertos en gestión y liderazgo personal están de acuerdo en afirmar que el modo de comenzar la jornada determina el desarrollo de la misma. Te comparto la mía establecida desde hace años y años: Levantarse (evitar el móvil tanto como sea posible porque ya llena nuestra mente de mensajes, noticias e información), preparar el café (recordemos que sin ca...fé es imposible agradar a Dios), ir a mi lugar sagrado (un sillón con vista al poco cielo que se puede ver en una ciudad como Barcelona) y pasar tiempo con el Señor orando, leyendo su Palabra y presentando ante Él las actividades, compromisos, reuniones, etc. que tengo por delante. Después, si el tiempo me lo permite, escribir entradas como estas basadas en mi tiempo con el Señor. Estos dos ritm...

¿CÓMO ACABAS EL DÍA?

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  Meditad en vuestro lecho y guardad silencio. (Salmo 4:5) Todos los expertos en administración y liderazgo personal confirman que la manera cómo comenzamos el día es determinante de cómo lo viviremos. Pero hay, al menos que yo conozca, poca literatura respecto a cómo debemos terminarlo. La Palabra nos invita a terminarlo en una actitud de meditación; meditar es pensar atenta y detenidamente sobre algo. Hacerlo pues centrándonos en cómo hemos vivido el día que está terminando. He aquí algunas preguntas que pueden ayudarnos para ello: ¿dónde hemos visto la presencia del Señor? ¿en qué cosas hemos sido fieles? ¿hemos pecado contra Él por pensamiento, obra u omisión? ¿de qué estoy agradecido? ¿de qué estoy arrepentido? en base a m meditación ¿cómo quiero vivir el día de mañana? Naturalmente estos son ejemplos de preguntas. Tú puedes incluir o usar aquellas que sean más significativas para ti.  Se le atribuye a Sócrátes la frase: "una vida sin reflexionar no es digna de ser v...

¿DÓNDE HABITA DIOS?

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  Me erigirán un santuario, y habitaré en medio de ellos. (Éxodo 25:8) Desde que Adán y Eva fueron expulsados del jardín de Edén, Dios ya no habitaba en medio de su gente. Era un dios trascedente, lejano, que de vez en cuando, hacía apariciones y se comunicaba con personas escogidas. Esta afirmación del Señor en Éxodo marca un punto de inflexión, Él anuncia su intención de que se construya una morada para poder vivir entre ellos de forma espiritual. La encarnación marca un nuevo hito, Dios se hace como uno de nosotros, carne y sangre y decide compartir con nosotros la experiencia humana. Pero todavía hay un paso más adelante, Dios decide habitar en cada uno de nosotros por medio de su Espíritu Santo y, consecuentemente, nos convierte a cada uno de nosotros en templos, en moradas suyas. Esto tiene dos grandes implicaciones: Primera, no existen templos físicos, edificios en los cuales el Señor habita. No vamos a ningún lugar a encontrarnos con Dios porque no tiene domicilio fijo. Lo ...

¿TIENE VALOR LO QUE HACES?

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  Únicamente aceptaréis el tributo de aquellos que lo ofrezcan de corazón (Éxodo 25:2) Nada de lo que hacemos tiene valor a los ojos del Señor si no está hecho de corazón, es decir, con la actitud correcta. Será porque como dice la Escritura nosotros miramos el exterior -las conductas- mientras que Dios mira el corazón -las actitudes y las motivaciones-.  De este breve pasaje de Éxodo podemos deducir que muchas de las cosas que hacemos ni impresionan al Señor ni las valora porque no están hechas de corazón. Pero, en términos prácticos y entendibles, ¿qué es hacer algo de corazón? El apóstol Pablo nos da pistas cuando escribe a los Colosenses (3:22-24). Dice que en todo lo que hagamos pongamos el corazón, como si fuera para Dios y no para los hombres. Personalmente pongo el corazón en aquello que va dirigido a personas a las que amo, a las que deseo honrar, a las que son significativas para mi vida. Entonces hago las cosas con cariño, con excelencia, con mimo, para hacerlas fel...

¿QUIÉN ERES?

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  Alcanzarnos la condición de hijos adoptivos de Dios. Y prueba de que sois hijos es que Dios ha enviado el Espíritu de su Hijo a vuestros corazones; y el Espíritu clama: "¡Abba!", es decir, ¡Padre!. Así que ya no eres esclavo sino hijo. Y como hijo que eres, Dios te ha declarado también heredero. (Gálatas 4: 6-7) Jean Paul Sartre, nada sospechoso de ser cristiano, afirmaba que "ningún punto limitado tiene significado alguno a no ser que tenga un punto infinito de referencia". Cuando nuestro punto de referencia no es Dios y lo que El afirma de nosotros, formamos nuestra identidad en base a los materiales que nos ofrece el contexto social en el que nos ha tocado vivir. Tener claridad en nuestra mente acerca de que somos hijos del Señor no significa ¡Para nada! que lo estemos viviendo en nuestro corazón. No es nada inusual que nuestra mente y nuestro corazón vayan en sentidos opuestos y ni siquiera tengamos conciencia de ello. En la teoría nuestra identidad puede esta...

¿JUSTO POR LA FE?

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  El justo por la fe vivirá (Gálatas 3:11) Imagina por un momento dos discípulos de la misma iglesia local. Observas su estilo de vida y es similar en cuanto a obediencia y devoción al Maestro. Sin embargo, si pudiéramos entrar en sus corazones podríamos ver una diferencia notable. Uno obedece al Señor como respuesta a su amor, gracia y aceptación incondicional; el otro lo hace por temor y vive inseguro en su relación con el Señor con frecuentes sentimientos de inadecuidad y de decepción de parte de Dios hacía Él. ¿Te suena más o menos familiar? Bueno la realidad es que aunque todos los seguidores de Jesús somos restaurados en nuestra relación personal con el Señor por medio de la fe, muchos vivimos la vida cotidiana bajo la ley con los sentimientos antes descritos. La fe nos alcanza para la salvación pero no para vivir la vida cotidiana que sigue estando basada en el desempeño. Hay que dar la talla ante Dios para que no siga amando, aceptando y no teniendo una permanente sensación...

¿QUIÉN VIVE EN TI?

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  En realidad, también yo he muerto en la cruz, junto con Jesucristo. Y ya no soy yo el que vive, sino que es Jesucristo el que vive en mí. Y ahora vivo gracias a la confianza en el Hijo de Dios, porque él me amó y quiso morir para salvarme. (Gálatas 2:20 TLA) Que Jesús vive en cada uno de sus seguidores es un concepto teológico. Ahora trata de aterrizarlo en tu realidad única y singular. Haz un esfuerzo de visión e imaginación. El próximo lunes en la mañana te levantas y comenzarás tu jornada habitual pero, en esta ocasión, no eres tú quien está al control de tu vida sino Jesús. ¿Cómo viviría Él tu jornada? ¿Cómo se movería en los diferentes ámbitos que los que tú te moverías? ¿Cómo afrontaría las relaciones, el trabajo, los estudios, el servicio? En ese lunes del que estamos hablando ¿Qué cosas haría Jesús que tú nunca harías? así mismo ¿Qué cosas nunca se le pasarían por la cabeza hacer y tú haces con mayor o menor frecuencia? Lo que te propongo no es un ejercicio inútil. Dallas...