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1 JUAN: EL MANDAMIENTO ANTIGUO

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  Hermanos, no os escribo mandamiento nuevo, sino el mandamiento antiguo que habéis tenido desde el principio. (1 Juan 2:7) Ya en la ley levítica aparecía el mandamiento de amar al prójimo. A eso se refiere el apóstol cuando indica que el precepto de amar a los demás no es nada nuevo sino antiguo. El problema consistía en definir quién era el prójimo. En el Antiguo Testamento era el compatriota, el que pertenecía al pueblo de Israel. Consecuentemente, los otros no eran considerados prójimo y, por tanto, no estaban cubiertos por la obligación y responsabilidad que marcaba el mandamiento. En los tiempo de Jesús el concepto de prójimo se había vuelto aún más restrictivo. Para ser mi prójimo ya no bastaba conque pertenecieras al pueblo de Israel, es decir, que fueras judío; debías de ser alguien que pensara como yo, entendiera la religión como yo, tuviera la misma perspectiva del mundo que yo. La consecuencia era que había judíos, fariseos y saduceos que se odiaban entre ellos y que, n...

1 JUAN: VIVIR COMO ÉL

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  El que dice que permanece en Él, debe andar como Él anduvo. (1 Juan 2:6) Andar en las Escrituras, salvo que el contexto nos esté indicando lo contrario, es un sinónimo de la vida cotidiana. Bien, pues, podría leerse este versículo de la siguiente manera: "quien dice que conoce a Jesús, debe vivir su vida cotidiana como Él la viviría si estuviera en su piel". Debemos darnos cuenta, también, que la forma en que está expresada la frase tiene una clara implicación de exclusividad, es decir, si afirmas lo primero tienes que demostrar lo segundo. Todo un proceso de discernimiento ¿Cómo viviría Jesús la vida si fuera Félix Ortiz? ¿Cómo sería su relación con Sara, con Andreu, con Anna, con mis cuatro nietos? ¿Cómo afrontaría el Maestro las capacitaciones que el día de hoy voy a llevar a cabo con líderes de empresas? ¿Cómo buscaría que fueran las relaciones interpersonales con cada uno de los participantes en las mismas? Vuelvo a insistir, se trata de un proceso de entender qué sign...

1 JUAN: CÓMO SÉ QUE CONOZCO A DIOS

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Estamos ciertos de que conocemos a Dios si cumplimos sus mandamientos. Quien dice: "Yo le conozco", pero no cumple sus mandamientos, es un mentiroso y está lejos de la verdad. (1 Juan 1: 3-4) Hay dos grandes errores cuando hablamos de conocer a Dios. Por un lado están aquellos que consideran que conocer a Dios equivale a saber, tener información acerca de Él. Acumulan información que, a menudo, usan contra otros para poner de manifiesto cuán conocedores son de Dios. En el otro extremo están aquello que consideran que el conocimiento del Señor equivale a tener experiencias emocionales de tipo religioso. Cuanto más fuerte y emotiva es la experiencia más se supone que uno conoce al Señor y, también con demasiada frecuencia, más se mira con superioridad a aquellos pobres que no experimentan aquello que ellos experimentan. Con todos mis respetos ninguna de las dos concepciones son bíblicas. El apóstol lo expresa con meridiana claridad, la única prueba irrefutable de que conocemos ...

1 JUAN: ¿POR QUIÉN MURIÓ JESÚS?

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  Porque Jesucristo murió para que nuestros pecados sean perdonados; y no sólo los nuestros, sino también los del mundo entero. (1 Juan 2:2) Existen dos extremos con relación a la salvación y entre medio muchos matices. El universalista afirma que al final todo el mundo será salvo porque Dios es un Dios de amor y está en su carácter el perdonar. De hecho, algunos consideran que Él está obligado a perdonar pues ese es, al fin y al cabo su trabajo. En el otro extremo del espectro están los que llamaría dogmáticos en el sentido más peyorativo del término. Son los que aseguran que Dios sólo perdonará los pecados de aquellos que creen en su restrictiva teología. Todo aquel que no encaja en los reducidos límites de la misma es considerado un hereje y fuera del alcance de la salvación del Señor. Eso genera en ellos un sentido de exclusividad, superioridad y arrogancia espiritual. ¿Dónde me ubico yo? Personalmente creo que nadie, absolutamente nadie, es salvo sino es en virtud del sacrific...

1 JUAN: EL PECADO NO ES UN PROBLEMA

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  Hijitos míos, os escribo esto para que no pequéis. Ahora bien, si alguno peca, tenemos un intercesor ante el Padre: Jesucristo el justo. (1 Juan 2:1) Pues sí, creo firmemente en el título de este post: el pecado ya no es un problema en la vida de los seguidores de Jesús. Lo que es un auténtico problema es el pecado no confesado o, como indicaba en otros posts, el pecado que no es gestionado. Ya dijo el apóstol que afirmar que no tenemos pecado es ser ilusos, engañarnos a nosotros mismos y considerar al Señor como mentiroso. También nos enseño que el elemento clave de la gestión del pecado es la confesión que todo lo que ello implica y significa.  El pecado no confesado es el auténtico problema. Lo es porque rompe nuestra comunión con el Señor. Lo es porque echa raíces en nuestra vida. Lo es porque aquello puntual no confesado puede convertirse en un hábito de pecado. Lo es porque mientras haya pecado inconfesado en nuestras vidas no estaremos experimentando la plenitud del E...

1 JUAN: PONERNOS DE ACUERDO

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Si, por el contrario, reconocemos nuestros pecados, Dios, que es fiel justo, nos los perdonará y nos purificará de toda iniquidad. (1 Juan 1:9) Por el contrario hace referencia a una actitud de negar el pecado, Bien porque no tenemos conciencia del mismo o bien porque no queremos afrontarlo y hemos desarrollado nuestras estrategias de justificación y/o racionalización. Ya vimos en el post anterior cuáles son las maneras de afrontar estas dos actitudes.  Vuelvo a insistir en la idea clave que el pecado no podrá ser eliminado, tan sólo puede ser gestionado. La herramienta de gestión fundamental que el Señor nos ha dado es la confesión. La palabra griega "homologeo" es la que traducimos en castellano: confesar. Homologeo significa estar de acuerdo con. Cuando confesamos estamos de acuerdo con nosotros mismos -sin justificaciones ni racionalizaciones- y con Dios con respecto a nuestro pecado. Estamos de acuerdo en tres cosas esenciales:  Primera, el pecado es algo grave es una of...

1 JUAN: ILUSOS

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  Si alardeamos de no cometer pecado somos unos ilusos... dejamos a Dios por mentiroso y además es señal de que no hemos acogido su mensaje. (1 Juan 1:8 Y 10) Iluso: el que no tiene en cuenta la realidad. Así lo define el diccionario. Decía en el post anterior que el pecado es una realidad que no va a desaparecer, por tanto, hemos de aspirar y trabajar para gestionarlo. Un primer reto de gestión es el pecado que se ha convertido en un hábito en nuestra vida y que no podemos racionalizar ni justificar. El segundo reto de gestión es no ser ilusos, es decir, no ignorar la realidad. Juan es muy tajante al respecto al afirmar que sin no reconocemos el pecado y lo llamamos por su nombre somos unos mentirosos y, lo que es peor, dejamos al Señor como mentiroso porque precisamente es Él quien afirma que el pecado es algo real en nuestras vidas. Pero ¿cómo podemos llegar al punto de creer que no pecamos? En mi opinión, hay dos razones. La primera, porque hay aspectos de pecado de los cuales ...