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BUSCA LA SABIDURÍA, PROVERBIOS 2

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 Porque el Señor concede la sabiduría y de su boca salen el saber y la prudencia. (Proverbios 2:6) El primer capítulo nos indicaba que la base de la sabiduría, es decir la capacidad de organizar y vivir bien la vida, es el respeto profundo de Dios y lo que Él enseña. Aquí nos indica que la sabiduría viene de Dios; Santiago, en su carta, se hace eco e indica que quien necesite sabiduría la pida a Dios quien la da ampliamente. Pero no nos engañemos, la sabiduría no cae del cielo de forma instantánea. Si leemos en profundidad el capítulo 2 veremos que el autor nos indica que ésta, si bien viene del Señor, se ha de buscar de forma intencional, proactiva, consciente, arduamente. Si se me permite la expresión, afirmaría que Dios no se la da al que la pide, sino más bien al que la busca y lo hace con ganas. ¿Esperas la sabiduría o trabajas para obtenerla?

EL PRINCIPIO DE LA SABIDURÍA, PROVERBIOS 1

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 El principio de la sabiduría es el temor del Señor. (Proverbios 1:7) Sabiduría y conocimiento son dos cosas diferentes. En la Escritura la primera se refiere a nuestra capacidad para organizar nuestro proyecto de vida. El escritor de Proverbios nos indica que el temor del Señor es la esencia, el fundamento para organizar nuestra vida. Temor, en mi humilde opinión y consultando a los estudiosos bíblicos, no significa miedo.  Dice Juan que el amor echa fuera el temor y el que teme, no ha entendido el amor. Se refiere más bien al profundo respeto y asombro que nos produce Dios y, consecuentemente, todo aquello que proviene de Él, sus enseñanzas, mandatos y principios de vida. Porque esta es la idea transversal del libro, el necio se monta su propio proyecto al margen de Dios, siguiendo la cultura social, el sabio lo hace basado en Dios. ¿En qué lo basas tú?

CUARESMA, DÍA 39

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  Si vosotros deseáis volveros al Señor de todo corazón, deshaceos de los dioses extranjeros y de las imágenes de Astarté. Dedicaos totalmente a servir al Señor. (1 Samuel 7:3) La idolatría puede cambiar en su expresión, pero no en su esencia que consiste en sustituir a Dios por otros dioses. Martín Lutero, el reformador alemán, indicaba que un ídolo es cualquier cosa que ocupa el primer lugar en nuestro corazón. Jesús afirmó que donde está nuestro tesoro estará nuestro corazón. La invitación cuaresmal es a observar en el interior de nuestro corazón, ayudados por el Espíritu Santo, y discernir qué dioses pueden estar presentes y ocupando el lugar que solo el Señor debería ocupar y, hecha esta observación, obrar en consecuencia.

CUARESMA, DÍAS 37 Y 38

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  Entonces Pilato, queriendo contentar a la gente, ordenó que pusieran en libertad a Barrabás y les entregó a Jesús para que lo azotaran y lo crucificaran. (Marcos 15:15) El punto clave es que para el gobernador romano lo importante es que las personas estuvieran contentas, la verdad, la justicia, la integridad quedaban en un segundo plano; la opinión pública es lo que contaba. A mi mente ha venido el pensamiento de cuántas veces contentar a otros -algo que no es malo per se- ha sido más importante que contentar a Dios. Cuántas veces ante el conflicto de lealtades he optado por el hombre y no por el Señor. De nuevo, la Cuaresma nos invita a mirarnos a nosotros mismos e identificar si eso es real o no en nuestra vida y, como consecuencia de esa evaluación actuar en consecuencia?

CUARESMA, DÍA 36

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  El Señor sana a los de corazón dolido y venda sus heridas. (Salmo 147:3) En la Escritura el corazón no tiene nada que ver con las emociones, es el centro de control, es el generador y administrador de nuestro proyecto vital. ¿Qué sería, por tanto, un corazón herido? Según mi humilde opinión sería aquel que está fragmentado, porque ha sido golpeado por la vida. Son innumerables las situaciones sobre las que carecemos del más mínimo control y que nos afectan y dañan nuestra vida. Hay relaciones que pensábamos eran de un modo y han resultado ser de otro y nos han producido dolor. ¿Cómo es la terapia del Señor para el corazón? Mi experiencia me dice que lo primero es aceptar y reconocer nuestro dolor, ponerle nombre y apellidos, entender que, tan si es legítimo como si no lo es, el dolor y las heridas son reales. El segundo es llevarlo una y otra vez ante Dios, abocar sobre Él todo el dolor y el sufrimiento hasta que quede limpio y podamos experimentar su amor y consuelo. La Cuaresma...

CUARESMA, DÍA 35

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  Ayudaos mutuamente a soportar las dificultades, y así cumpliréis la ley de Cristo. (Gálatas 6:2) La vida es difícil para todos nosotros. Cada uno de nosotros enfrentamos dificultades en diferentes dimensiones de nuestra existencia; en ocasiones, bien  complicadas y difíciles. Puede parecer, en ocasiones, hasta ofensivo pedirnos que pensemos en los demás, en su situación y en sus cargas. También puede darse el caso que, sin estar necesariamente apesadumbrados por nada en especial, vivamos vidas tan aceleradas y tan centrados en nosotros mismos que carezcamos de tiempo para pensar en cómo está el otro y qué puede necesitar. La Cuaresma nos invita a pararnos y meditar en quién hay a nuestro alrededor que está necesitado de nuestra ayuda para soportar sus necesidades. ¿Qué ves cuando te paras y observas? ¿Qué vas a hacer?

CUARESMA, DÍA 34

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— Yo soy la luz del mundo. El que me sigue no caminará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida. (Juan 8:12) Hoy he leído este pasaje y he pensado en la necesidad que tenga de que Jesús pueda iluminar mi vida. He pensado en cuáles son las áreas en las cuales no tengo suficiente luz para ver cómo estoy, qué sucede y, en respuesta a esa iluminación, poder actuar en consecuencia, tal vez entendiéndome mejor a mí mismo, mis pensamientos, motivaciones, actitudes y acciones. Tal vez permitiendo que Jesús clarifique cosas que deben ser resueltas, cambios que deben ser introducidos. Es lo que puede pasar con la luz porque tiene ese carácter ambivalente, todo lo pone de manifiesto, lo bueno y lo no tan bueno. ¿Qué te revelaría Jesús si le dejaras iluminarte?