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¿FIARSE DE LAS EMOCIONES?

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Esta es la señal de que pertenecemos a la verdad y podemos sentirnos seguros en la presencia de Dios: que si alguna vez nos acusa la conciencia, Dios es más grande que nuestra conciencia y conoce todas las cosas. (1 Juan 3:19-20) Sentirse seguro en la presencia de Dios. No siempre es fácil. Uno no puede fiarse de sus emociones para experimentar esa seguridad. Estas son cambiantes; en ocasiones nos hacen subir hasta las nubes y en otras nos hunden en el abismo. Además, tenemos la equivocada propensión a proyectar nuestras emociones sobre Dios, es decir, creemos que Él siente hacia nosotros lo mismo que sentimos hacia nosotros mismos. Cuando no nos gustamos, por la razón que sea, acostumbramos a creer que del mismo modo piensa y siente Dios hacia nuestras personas. Las emociones son, por definición incontrolables, y cuando dependemos de ellas para nuestra seguridad con Dios nos subimos a una montaña rusa emocional de subidas y bajadas que nada tiene que ver con las promesas bí...

DE MUERTE A VIDA

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Sabemos que por amar a nuestros hermanos hemos pasado de la muerte a la vida, mientras que quien no ama sigue muerto. Odiar al hermano es como darle muerte, y debéis saber que ningún asesino tiene dentro de sí vida eterna. Nosotros hemos conocido lo que es el amor en que Cristo dio su vida por nosotros; demos también nuestra vida por los hermanos. Pero si alguien nada en la abundancia y viendo que su hermano está necesitado le cierra el corazón, ¿Tendrá valor para decir que ama a Dios? Hijos míos ¡obras son amores y no buenas razones! (1 Juan 3:14-18) Juan continúa con sus afirmaciones categóricas: Si no amamos a nuestros hermanos no hemos pasado de muerte a vida. Como ya dijo anteriormente nos engañamos a nosotros mismos si pensamos lo contrario y, además, dejamos a Dios por mentiroso. Hemos intelectualizado tanto la fe, hemos enfatizado tanto la ortodoxia, es decir, la creencia correcta, que nos hemos olvidado totalmente de la ortopraxis, es decir, la práctica correcta. ...

¿ERES UN HIJO DEL DIABLO?

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En esto se distinguen los hijos de Dios de los hijos del diablo: quien no practica el bien ni ama al hermano, no es hijo de Dios. (1 Juan 3:10) Lo que afirma Juan es muy serio. Aquí no se está hablando de mayor o menor madurez en la vida cristiana; se están haciendo declaraciones muy fuertes y muy tajantes a la hora de determinar quién es un hijo de Dios y quién, por el contrario es un hijo del diablo. Según el apóstol lo que diferencia a unos de otros no hay que buscarlo en el plano intelectual ni doctrinal; hay que hacerlo en el plano de la conducta. Hay dos maneras de vivir muy claras y específicas que nos distinguen y califican como hijos de Dios: la práctica del bien -algo que, como todos sabemos, va orientado hacia mi prójimo- y el amor al hermano -es decir la búsqueda intencional y proactiva del bien del mismo-. Si ambas cosas están presentes en tu vida ¡Eres hijo de Dios! Si ambas cosas no están presentes ¡Eres un hijo del diablo! y esto, no lo afirmo yo, lo af...

SER COMO JESÚS

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Ahora, queridos, somos hijos de Dios, aunque todavía no se ha manifestado lo que hemos de ser. Pero sabemos que el día en que se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es.   Esta esperanza que hemos puesto en él es la que nos va perfeccionando, como él es perfecto. (1 Juan 3:2-3) Identifico dos ideas claves en este pasaje. La primera me habla de propósito y destino; la segunda de proceso. Cuando me miro a mí mismo adquiero plena conciencia de que no soy el ser humano que Dios tenía en mente cuando me creó. Soy el producto del pecado, un producto fallido, un proyecto que no pudo ser porque el pecado lo hizo inviable. Cuando miro a Jesús veo, por un lado, lo que yo hubiera podido llegar a ser, y por otro, lo que un día llegaré a ser gracias a su trabajo en mi vida. Porque Jesús es el auténtico ser humano, representa el tipo de personas que Dios tenía en mente que fuéramos y que el pecado, como ya comenté, abortó. Conforme nos vamos pareciend...

HIJOS DE DIOS 2

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Como hijo de Dios por medio de la adopción tengo la responsabilidad de vivir de una manera digna de la familia en que he sido acogido. Pedro en su primera carta en el capítulo 1, versículo 17 lo expresaba del siguiente modo: " Y, si llamáis Padre al que juzga a todos sin favoritismos y según su conducta, comportaos fielmente mientras vivís en tierra extraña". Es lo menos que podemos hacer en respuesta a la gracia que nos ha mostrado Dios al acogernos en su familia y elevarnos a la categoría de hijos por medio de la obra que Jesús hizo en la cruz por nosotros. Ser hijo es un gran privilegio, nos concede una buena cantidad de derechos, pero también tiene su parte de responsabilidad; ¡Hay que hacer honor a la familia de acogida! No me cabe la menor duda que todo lo anterior suena bien, sin embargo, me hacía la pregunta a mí mismo ¿Cómo, de qué modo, eso lo puedo aterrizar en la vida cotidiana, en el día a día? Se me ocurrió -y creo que es consistente con lo que enseña...

HIJOS DE DIOS

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¡Mirad que amor tan inmenso el del Padre, que nos proclama y hace ser hijos suyos! Si el mundo nos ignora es porque no conoce a Dios. (1 Juan 3:1) Dios es mi Padre y yo soy su hijo. Esta relación paterno-filial se establece por medio de la adopción y es una iniciativa de Dios, quien lo hace no en base a nuestros méritos, sino a pesar de la total y absoluta falta de ellos. La base para la adopción es la gracia; no me merezco esa elevación al nivel de hijo y, por lo tanto, no tengo ningún motivo para sentirme orgulloso ni para despreciar a otros considerándome mejor que ellos. La adopción en la época greco-romana era muy diferente a la de nuestros días. En la actualidad trabajas con una institución que te asigna una criatura para que la adoptes.  En los tiempo del Imperio Romano la adopción se llevaba a cabo, mayoritariamente, entre adultos y el adoptante escogía a aquel a quien quería adoptar; habitualmente por rasgos de carácter que lo hacían digno de pas...

DALE MÁS JUEGO AL ESPÍRITU SANTO

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Aunque el Espíritu que recibisteis de Jesucristo permanece en vosotros y no necesitáis que nadie os instruya. Porque precisamente ese Espíritu, fuente de verdad y no de mentira, es el que os instruye acerca de todas las cosas. Manteneos, pues, unidos a Él según os enseñó. (1 Juan 2:27) Vayamos por partes. El Espíritu Santo habita en el corazón de todos aquellos que han aceptado a Jesús como su Señor y Salvador. Pablo, escribiendo a los cristianos de Roma, afirma que si alguien no tiene el Espíritu no es de Cristo. En segundo lugar, Jesús en sus enseñanzas afirmó en repetidas ocasiones que sería el Espíritu Santo quien nos guiaría a toda la verdad y nos enseñaría todas las cosas. En tercer lugar, el apóstol, haciéndose eco de las enseñanzas del Maestro vuelve a recalcar esa misma idea. Concluyo que debemos apoyarnos más en el Espíritu y menos en nuestros líderes. Algo no funciona bien cuando hemos desarrollado un seguimiento de Jesús que está más centrado en el líd...