JESÚS COMPASIVO

 


Se acercó entonces a Jesús un leproso y poniéndose de rodillas, le suplicó: Si quieres puedes limpiarme de mi enfermedad. Jesús, conmovido, extendió la mano, le tocó y le dijo: Quiero, queda limpio. (Marcos 1:40-41)

La lepra era una dolencia terrible en la época de Jesús. El enfermo, no únicamente tenía que sufrir los efectos físicos de esta, sino también el estigma social -debían de vivir al margen de las personas sanas- y espiritual -a menudo se consideraba la lepra una consecuencia del pecado- y la persona enferma estaba privada de la comunidad de los creyentes. Jesús se encuentra pues ante un paria, un intocable, alguien que a duras penas sobrevivía y, si lograba hacerlo, era a costa de la caridad y misericordia de su familia en el caso que esta no lo hubiera repudiado.

¿Cómo reacciona Jesús? o mejor dicho ¿Cómo reacciona Dios ante una situación como esta? No hay ningún juicio acerca de su enfermedad ni por qué la padece. Hay sí, compasión ante la terrible situación de marginación que vive un ser humano. Hay una misericordia que no mostraban hacia el leproso los dirigentes religiosos de Israel. 

¿Cómo interpretar el toque de Jesús? Tocarlo era totalmente innecesario para sanarlo. La voz del Maestro era suficiente. Tocarlo, ademas, convertía a Jesús en ritualmente impuro e inhabilitado para participar en la vida religiosa de Israel. Pero, ¡Hay tanto valor en ese gesto humano! No sabemos cuánto tiempo aquel hombre había padecido esa enfermedad, cuánto tiempo viviendo en soledad, cuánto tiempo sin un toque de afecto por miedo a contagiarse o ser automáticamente impuro. Jesús transmite con ese gesto innecesario, dignidad, afecta, valor.

¿Y qué pasa con nosotros? ¿Cómo reaccionamos ante la necesidad a nuestro alrededor? ¿Nos sentimos movidos a compasión como lo hizo Jesús o nos blindamos para que ese dolor no perturbe nuestro equilibrio emocional? ¿Nos involucramos hasta el punto de convertirnos en "impuros". Resuenan las palabras del Maestro afirmando que todo lo que hacemos a uno de estos pequeños se lo hacemos a Él.

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