CUARESMA DÍA 11
La tierra va a ser maldita por tu culpa. (Génesis 3:17)
El ser humano recibió de parte del Señor la responsabilidad de ser un cuidador y administrador de la creación. Lamentablemente, nos hemos convertido en destructores y depredadores de esta. Incluso en algunos medios evangélicos existe la increíble opinión de que toda la contaminación, destrucción del medios ambiente, extinción de la biodiversidad, etc. vale la pena porque de ese modo aceleramos la venida de Jesús y, además, como la tierra será destruida qué sentido tiene cuidarla.
Pero el mandato de cuidar de la creación sigue vigente. La Palabra nos recuerda que el mundo es propiedad del Señor y nosotros, como sus hijos, debemos ser los adalides en el cuidado de aquello que no nos pertenece. Y podemos hacerlo de dos modos.
Primero, con una oposición a todo aquello que en nombre del progreso (que a menudo sólo esconde intereses de grandes corporaciones y grupos de poder) genera una destrucción del patrimonio que tenemos la responsabilidad de cuidar para nuestros hijos.
Segundo, y aquí viene la invitación cuaresmal para hoy, reflexionando sobre el impacto que nosotros personal, individualmente, tenemos sobre la creación del Señor. El consumo compulsivo que no responde a necesidades, el derroche de energía, alimentos y otros productos, el reciclaje y otras conductas similares forman parte de nuestro impacto sobre algo que no nos pertenece a nosotros sino a Dios.
¿Qué ves cuando examinas tu vida a la luz de tus hábitos? ¿Qué deberías hacer?
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