CUARESMA DÍA 8

 Poned el corazón en todo lo que hagáis, como si lo hicierais para el Señor y no para los hombres. (Colosenses 3:23)

Para tener una idea completa te recomiendo que leas los versículos que preceden y siguen al que he escrito. También los paralelos que encontrarás  en Efesios capítulo 6. En ambos la terminología nos puede llamar a engaño -amos y esclavos-, pero, si la sustituimos por empleado y empleador, nos encontramos con una buena ética del trabajo y un modo de cumplir la misión siendo de bendición.

El lugar de trabajo es, sin duda, donde pasamos una buena parte de nuestras vidas. En el mismo hay dos roles básicos ya mencionados, el jefe y el empleado. También existe la persona que es un autónomo o auto empleado, es decir, es su propio jefe. Si lo pensamos con un mínimo de profundidad veremos que nuestro trabajo bendice a otros. Generamos bienes y/o servicios que están destinados a suplir las necesidades de aquellos que los consumen. A los ojos del Señor el trabajo de un trabajador de la limpieza es tan digno como el de un médico o aquel que produce un dispositivo de alta tecnología. ¿Qué tienen en común? Sirven las necesidades de otras personas, bendicen de parte del Señor, con conciencia de lo que hacen o sin ella. 

Pablo nos indica que no podemos ni debemos perder de vista que en última instancia, con nuestro trabajo, somos socios colaboradores de Dios con nuestro trabajo y, consecuentemente, en ello hemos de poner todo nuestro corazón, hemos de llevarlo a cabo no con desidia, sino con mimo. No de cualquier manera, sino como ofrenda al Señor que es para quien en última instancia trabajamos.

La Cuaresma invita a la reflexión que nos lleva al cambio ¿Qué ves cuando examinas tu trabajo?

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