NÚMEROS PARTE I/ LA GENERACIÓN DEL DESIERTO/ CAPÍTULO 22



Aunque Balac me de su palacio repleto de plata y oro, yo no podré hacer nada grande o pequeño que vaya contra lo mandado por el Señor, mi Dios. Os ruego, por tanto,  que paséis aquí esta noche para que yo averigüe si el Señor tiene algo que decirme. (Números 22:18)

Una de las leyendas urbanas de aquellos que nunca leen la Biblia es afirmar que es un libro antiguo y no tiene nada que decir al complejo y sofisticado mundo del siglo XXI. 

Personalmente veo mucho de lo que aprender al leer algo que sucedió hace varios miles de años. Primero, nunca debo tomar decisiones sin reflexionar. Nunca debo permitir que el impulso, positivo o negativo guíe lo que hago o lo que dejo de hacer. Es importante y necesario pasarlo por el cedazo del pensamiento.

Segundo, la reflexión debe estar alimentada y orientada por nuestros valores y principios, es decir, estos nos mostrarán en qué dirección debe orientarse lo que hagamos o lo que dejemos de hacer. La reflexión en sí misma carece de valor si no nos permite contrastar con aquello que es importante para nosotros.

Tercero, los valores deben de estar orientados hacia Dios y su Palabra. Balaán consultó con el Señor y decidió que no haría nada que estuviera en contra de aquello que Él pusiera en su corazón. Nosotros podemos seguir la misma pauta que hace ya siglos siguió este hombre, a saber, esperar, reflexionar, preguntar a Dios en la reflexión y actuar.

De nuevo, nada útil para una era tan tecnológica y sofisticada, seguro que Apple tiene una app que toma decisiones por nosotros.

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