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LA VERGÜENZA, SIGO DUDANDO DE MI IDENTIDAD

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  Y prueba de que sois hijos es que Dios ha enviado el Espíritu de su Hijo a vuestros corazones; y el Espíritu clama: “¡Abba!”, es decir, “¡Padre!”.     Así que ya no eres esclavo, sino hijo. Y como hijo que eres, Dios te ha declarado también heredero. (Gálatas 4:6-7) El síndrome del impostor es un fenómeno psicológico que hace que los afectados duden de sus capacidades y logros. Creo que, en cierta medida, con mucha frecuencia los seguidores de Jesús experimentamos ese síndrome que es hábilmente explotado por Satanás. Este nos hace dudar, una y otra vez, de nuestra identidad como hijos y herederos. Nos recuerda de forma constante todas nuestras inconsistencias, fallos y pecados y pone en cuestión que el Señor pueda amar y conceder la adopción a alguien como nosotros. Satanás, recordemos Génesis 3, siempre juega con medias verdades y siempre cuestiona las intenciones de Dios. Medias verdades porque todo lo que nos echa en cara acerca de nuestra realidad es cierto. Pero no...

JESÚS Y LA VERGÜENZA

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  En cuanto a vosotros, no habéis recibido un Espíritu que os convierta en esclavos, de nuevo bajo el régimen del miedo. Habéis recibido un Espíritu que os convierte en hijos y que nos permite exclamar: “¡Abba!”, es decir, “¡Padre!” . Y ese mismo Espíritu es el que, uniéndose al nuestro, da testimonio de que somos hijos de Dios.   Y si somos hijos, también somos herederos: herederos de Dios y coherederos con Cristo, ya que ahora compartimos sus sufrimientos para compartir también su gloria. (Romanos 8:15-17) El sacrificio de Jesús en la cruz en nuestro favor, no sólo resuelve el problema de la culpa, sino también el de la vergüenza, la conciencia de no ser el tipo de personas que deberíamos ser. La meditación en la parábola del hijo pródigo nos ayuda a visualizar de qué modo cuando recibimos a Jesús en nuestro corazón -nuestro centro de control- somos nuevamente aceptados en la condición de hijos y, tal y como afirma Pablo en el pasaje que encabeza esta entrada, herederos junt...

LA VERGÜENZA, IDENTIFÍCALA

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  Y respondió el centurión, y dijo: Señor, no soy digno de que entres en mi casa. (Mateo 8:8) La vergüenza es una emoción más profunda que la culpa y que ataca nuestra autoestima; puede hacer que una persona se sienta intrínsecamente defectuosa o indigna de ser amada.  La vergüenza se centra en el yo. Nos hace sentir como si fuéramos el problema en lugar de solo nuestras acciones. En lugar de pensar "Hice algo mal", cambia a "Soy malo". La vergüenza puede llevar a la evasión, el retraimiento o conductas defensivas. A menudo da lugar a un diálogo interno negativo y puede crear un ciclo de culpabilidad, lo que hace que las personas se sientan menos motivadas para enfrentar sus problemas o buscar apoyo. A diferencia de la culpa, l a vergüenza puede ser un estado emocional más duradero. Puede persistir mucho después del evento desencadenante y puede llevar a sentimientos de inutilidad o desesperación permanente.  Cuando se experimenta de manera persistente, la vergü...

LA CULPA, SATANÁS SIGUE ACUSÁNDOME

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  Él [el diablo]  fue un asesino desde el principio y no se mantuvo en la verdad. Por eso no tiene nada que ver con la verdad. Cuando miente, habla de lo que tiene dentro, porque es mentiroso y padre de la mentira. (Juan 8:44) Como ya indiqué, la culpa persistente puede provenir de nuestro orgullo. Nuestros niveles de exigencia son más altos que incluso los de Dios mismo. Aunque Él nos perdone, nosotros no podemos hacerlo con nosotros mismos. Pero hay otra fuente posible de esa culpa persistente: el diablo. En Apocalipsis se le denomina el acusador de los hermanos. Sin embargo, es el pasaje de Juan el que mejor nos puede ayudar a entender cómo nos manipula con la culpa. Satanás es mentiroso desde el principio, es su naturaleza, es el padre de todas las mentiras. Hizo dudar a Adán y Eva sobre las motivaciones del Señor con respecto a la prohibición de comer del árbol prohibido. Mintió afirmando que nada les iba a suceder; el resultado es de todos nosotros conocido. Satanás nos ...

CULPA, NO ME PUEDO PERDONAR A MÍ MISMO

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  Señor no tengo un corazón arrogante ni mis ojos son altivos. (Salmo 131:1) Hemos hablado de la diferencia entre culpa y vergüenza. Hemos visto como el sacrificio de Jesús por nosotros elimina la culpa derivada del pecado cuando este ha sido reconocido y confesado. Pero ¿Qué sucede cuando persisten los sentimientos de culpabilidad a pesar de haber confesado el pecado? Lo cierto es que esos sentimientos no provienen del Señor quien afirma una y otra vez que ha olvidado totalmente nuestros pecados. Pueden provenir de dos fuentes. La primera es nuestro orgullo personal que puede llevarnos a no perdonarnos a nosotros mismos, a estar enfadados con nosotros por el fallo cometido o el mal hecho.  Dios puede habernos perdonado pero nosotros no nos otorgamos el perdón. Hay un increíble orgullo detrás de esa afirmación. Quien sostiene esta postura está afirmando que sus estándares morales son superiores a los del propio Dios. Él perdona porque, al fin y al cabo, es su "trabajo". E...

JESÚS Y LA CULPA

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  Perdonaré sus culpas y ya no me acordaré de sus pecados. Jeremías 31:34 La culpa es un sentimiento de pesar por algo que hemos hecho o dejado de hacer que consideramos que está mal. La culpa está vinculada con una acción o hecho específico que sentimos ha violado nuestra conciencia o ha causado mal a otros. En un principio la culpa es positiva ya que indica que estamos moral y espiritualmente sanos y tenemos la capacidad de distinguir entre lo correcto y lo incorrecto. La culpa puede llevarnos al arrepentimiento, a la restitución del daño causado a otros y a un aprendizaje que puede sernos útil para el futuro. El apóstol Pablo en 2 Corintios 7:10 habla de esa culpa saludable, que proviene del Señor y que nos lleva al arrepentimiento. La gran verdad de la Escritura es que el sacrificio de Jesús ha pagado por todos nuestros pecados, pasados, presentes y futuros. La gran promesa es que cuando los confesamos el Señor nos perdona y, tal y como repite una y otra vez la Biblia, ya no se...

CULPA Y VERGÜENZA

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  Precisamente por eso, Cristo es el mediador de una nueva alianza. Con su muerte ha obtenido el perdón de los pecados. (Hebreos 9:15) Muchos seguidores de Jesús no conocen o entienden la diferencia entre culpa y vergüenza, consecuentemente, viven experimentando ambos estados emocionales que les privan del gozo de la vida y la relación con el Señor. Entender la diferencia entre ambas es muy importante. También lo es el darnos cuenta de qué modo el trabajo hecho por Jesús nos libra de ambas realidades. La culpa es el sentimiento que experimentamos cuando hemos hecho algo que sabemos que está mal. Es decir, por lo general está ligado a situaciones, acciones u omisiones específicas. Podríamos usar la frase: Esto que he hecho está mal.  La vergüenza, por el contrario, es una emoción más profunda que ataca nuestro valor y dignidad como personas; puede hacer que nos sintamos defectuosos e indignos de ser amados. Si usáramos una analogía podríamos afirmar que la culpa es como un...