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CULPA Y VERGÜENZA

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  Precisamente por eso, Cristo es el mediador de una nueva alianza. Con su muerte ha obtenido el perdón de los pecados. (Hebreos 9:15) Muchos seguidores de Jesús no conocen o entienden la diferencia entre culpa y vergüenza, consecuentemente, viven experimentando ambos estados emocionales que les privan del gozo de la vida y la relación con el Señor. Entender la diferencia entre ambas es muy importante. También lo es el darnos cuenta de qué modo el trabajo hecho por Jesús nos libra de ambas realidades. La culpa es el sentimiento que experimentamos cuando hemos hecho algo que sabemos que está mal. Es decir, por lo general está ligado a situaciones, acciones u omisiones específicas. Podríamos usar la frase: Esto que he hecho está mal.  La vergüenza, por el contrario, es una emoción más profunda que ataca nuestro valor y dignidad como personas; puede hacer que nos sintamos defectuosos e indignos de ser amados. Si usáramos una analogía podríamos afirmar que la culpa es como un...

LA LEY NUNCA REDIMIÓ A NADIE

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  La ley, efectivamente, no logró hacer nada perfecto, siendo sólo la puerta de una esperanza mejor, por medio de la cual nos acercamos a Dios. (Hebreos 7:19) En el evangelio de Juan ya leemos que la ley fue dada por medio de Moisés, sin embargo, la gracia y la verdad nos vinieron por medio de Jesús. El apóstol Pablo desarrolla en profundidad la idea de que la ley tiene exclusivamente una función pedagógica. Por medio de ella somos conscientes del problema del pecado y, al mismo tiempo, de nuestra incapacidad de ser declarados justos por medio del cumplimiento de esa ley. La ley, tomada como un indicador que nos lleva a Jesús cumple totalmente su función. Sin embargo, si la tomamos como medio de redención sólo genera frustración. Esa esperanza mejor de la que habla nuestro anónimo autor es la gracia. Esa gracia que tan claramente queda reflejada en la parábola del padre que ama y perdona (mal conocida con la del hijo pródigo). Esa gracia que nos ama, no por lo que somos; ...

ANCLA

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  Una esperanza que es para nuestra vida como un ancla firme y segura, y que penetra hasta lo más interior del santuario, adonde abriéndonos camino ya ha entrado Jesús, constituido sumo sacerdote para siempre según el rango de Melquisedec. (Hebreos 6:19-20) Para los griegos clásicos el ancla ya era considerado como un símbolo de la esperanza, algo que daba seguridad a la vida de las personas. Los seguidores de Jesús lo hemos usado también como expresión de nuestra esperanza y así lo expresa el anónimo autor del libro de los Hebreos. ¿A que esperanza se refiera aquí la epístola? El contexto nos ayuda a entenderlo. En la antigua religión Judía sólo un ser humano, el sumo sacerdote, podría entrar en el lugar santísimo y, únicamente, una vez al año. Allí se creía moraba la presencia misma del Señor y acercarse a la esta era arriesgado y podía ser incluso mortal.  Pero aquí se nos indica que Jesús ha entrado en el lugar santísimo haciendo accesible la presencia del Señor para todos...

DISCERNIR

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  El alimento sólido, en cambio, es propio de adultos, de los que por la costumbre están entrenados para distinguir entre el bien y el mal. (Hebreos 5:14) El anónimo autor les indica a sus lectores que todavía tiene que repetirles el A, B, C de la vida cristiana; algo que para él es sorprendente debido al mucho tiempo que llevan en la fe. Está tratándolos como niños en Cristo. No es la inmadurez propia de aquel que comienza a caminar en los caminos del Señor, es más bien la de aquel que lleva años de aparente seguimiento del Maestro pero su conducta es inmadura. Son como Peter Pan, aquel adulto que es el estereotipo del adulto que se niega a crecer y desea mantenerse siempre en la niñez. El Peter Pan espiritual es aquel que a pesar de los años que lleva en el Evangelio tiene, como dice nuestro autor, un comportamiento inmaduro, impropio de alguien con la cantidad de tiempo que afirma haber conocido al Señor. Hay ciertas conductas que en los niños nos producen gracia porque son...

OPTAR POR LA GRACIA O LA LEY

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  Puesto que también él [el sumo sacerdote] es presa de mil debilidades, está en disposición de ser compasivo con los ignorantes y extraviados, y debe ofrecer sacrificios tanto por los pecados del pueblo como por los suyos propios. (Hebreos 5:2-3) Pienso que detrás de un legalista hay alguien que no ha aprendido a aceptar y vivir su realidad como pecador, a entender que, de alguna manera, el pecado siempre formará parte de su vida. No aceptar esa tensión nos genera una disonancia entre quienes somos y quienes desearíamos ser. Esa tensión debe resolverse de alguna manera para poder vivir con paz mental. Bien, unos la resuelven experimentando la gracia del Señor, aceptando la realidad de que son pecadores y son amados y aceptados incondicionalmente, no a pesar de esa realidad, sino con la misma. Al aceptar la gracia pueden concederla a otros (de gracia recibistéis) Otros, sin comprender la gracia optan por el legalismo, por señalar el pecado de otros para, de esa manera, sentirse mej...

EL PODER DE LA PALABRA

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  En efecto, la palabra de Dios es fuente de vida y de eficacia; es más cortante que espada de dos filos y penetra hasta dividir lo que el ser humano tiene de más íntimo, hasta llegar a lo más profundo de su ser, poniendo al descubierto los más secretos pensamientos e intenciones. (Hebreos 4:12-13) La Palabra del Señor es una increíble y poderosa herramienta para el seguidor de Jesús. Son muchos los efectos positivos que tiene sobre nuestras vidas, sin embargo, aquí el anónimo escritor del libro de los Hebreos pone de manifiesto la capacidad que tiene la Biblia de ayudarnos a conocernos a nosotros mismos.  Nuestras conductas externas son siempre el reflejo de lo que hay en nuestro corazón -recordemos que en las Escrituras este es el centro de control de todo el proyecto humano-. En el corazón residen las motivaciones, los valores, las actitudes, los prejuicios, los paradigmas que determinan cómo entendemos la vida y cómo la afrontamos. Y dado el carácter engañoso y falso del c...

CORAZÓN ENDURECIDO

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  Cuando hoy escuchéis la voz del Señor, no endurezcáis vuestros corazones, como hicieron los que se rebelaron. (Hebreos 3:15) Cuando leemos el pasaje en el que está ubicado este versículo vemos que se nos indica que hay un ciclo del que debemos ser conscientes porque el mismo nos afecta y nos puede dañar. El pecado seduce y si respondemos a su seducción de forma continuada nos alejamos del Dios vivo. El Señor nos habla a través de su Palabra, la conciencia, el Espíritu Santo y otros creyentes pero, si no escuchamos su voz nuestro corazón se puede ir volviendo más y más insensible. Cada vez que nos negamos a responder a la voz de nuestro Dios se nos endurece un poquito el corazón y, al mismo tiempo, perdemos un poquito de audición de la voz divina. Si esto se repite una y otra vez se produce un efecto acumulativo de perdida de audición y dureza de corazón. Ambas cosas, lamentablemente, se pueden convertir en algo irreversible o que sólo se puede corregir de una manera traumáti...