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LA MIRADA

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Los ojos son lámparas para el cuerpo. Si tus ojos están sanos, todo en ti será luz;   23 pero si tus ojos están enfermos, todo en ti será oscuridad. Y si lo que en ti debería ser luz, no es más que oscuridad, ¡qué negra será tu propia oscuridad! (Mateo 6:22-23) Alguien afirmó que no vemos el mundo tal y como es, sino tal y como somos nosotros. Es decir, vemos lo que queremos ver. Somos selectivos en nuestra mirada. Aceptamos todo aquello que encaja con nuestra visión del mundo y la realidad y rechazamos todo aquello que no encaja en la misma. En el Israel de la época de Jesús se creía que los ojos eran la ventana para la vida interior, para el alma. Del mismo modo que los vidrios en una ventana pueden filtrar la luz, disminuir su intensidad, tintarla de color o incluso impedir total o parcialmente su entrada, lo mismo sucede con nuestros ojos.  La idea es que puede darse el caso de que no veamos la realidad tal y como la ve Dios, sino tal y como la ven nuestro...

LA EVALUACIÓN

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Sondéame, oh Dios, conoce mi  corazón. (Salmo 139:23) Hay una bien conocida frase que afirma que quienes no conocen la historia están condenados a repetirla. Personalmente, haciéndome eco de esa afirmación, diría que sin reflexión no hay transformación. Si de tanto en tanto no nos paramos para mirar hacia atrás y ver si estamos andando de forma correcta, tenemos enormes posibilidades de acabar perdiéndonos en nuestro proyecto vital. No lo olvidemos, movimiento y dirección no son sinónimos. Podemos caminar rápido, motivados y con entusiasmo, pero yendo en la dirección contraria a la que deberíamos ir.  Una vez más quiero afirmar que el día es la unidad de tiempo que el Señor nos ha dado para vivir; un día cada vez. He hablado de la importancia que tiene la forma en que lo comenzamos porque determina, en buena medida, como lo viviremos. He insistido en empezar alineándonos con Dios y su voluntad, siendo intencionales en vivir como agentes de resta...

LA PAUSA

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Daniel acostumbraba a orar tres veces al día. (Daniel 6:11) Muchas personas que me conocen saben que cada cierto tiempo paso unos días de retiro personal en el monasterio benedictino de Montserrat, ubicado en una montaña no excesivamente lejos de Barcelona, la ciudad donde resido. Me gusta porque es un lugar aislado de la ciudad donde puedo disfrutar del silencio y el entorno adecuado para encuentros especiales con Dios.  Los monjes tienen siete periodos de oración reglados a lo largo del día. Se basa en lo que afirma el Salmo 119:164-166, donde el salmista indica: siete veces al día te alabaré. Así pues, no importa lo que estén haciendo en esos momentos, cuando suena la campana los monjes se dirigen a la capilla para llevar a cabo su tiempo de oración. De nuevo me gustaría que pudiéramos distinguir entre el fondo y la forma.  El fondo que pretenden esos tiempos de oración es no olvidarnos del Señor y la centralidad que debe tener en nuestras vidas. Él es ...

EL ENCUENTRO

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Oh Señor, por la mañana escuchas mi voz; de madrugada ante ti me presento y me quedo esperando. (Salmo 5:3) Uno de mis temas favoritos es la productividad personal; es decir, de qué modo podemos utilizar mejor nuestro tiempo. Al fin y al cabo, nuestro tiempo es nuestra vida, pues la misma está compuesta de tiempo;  de hecho, tiempo y vida serían claramente sinónimos. Un gran número de especialistas en el campo del autoliderazgo coinciden en afirmar que la forma en que comenzamos el día determinará, en buena medida, cómo la viviremos. Marcará el ritmo, los énfasis, el sentido, la dirección y el propósito.  No deja de ser significativo que el salmista nos invite a comenzar el día con un encuentro con Dios. Intencionalmente yendo ante su presencia para comenzar el día ubicándonos a nosotros mismos con relación a Él, a nosotros mismos y a nuestro prójimo. Comenzar el día pidiendo, nuevamente de forma intencional, que nos ayude a vivir esa pequeña unidad ...

EN LA TRANQUILIDAD

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En la tranquilidad y la confianza estará vuestra fuerza. Pero vosotros no quisisteis  (Isaías 30:15 DHH) Es imposible escuchar la voz de Dios sin acercarse a su presencia tranquilamente. El gozo de pasar tiempo con Él, sin hacer nada religioso ni aparentemente importante, simplemente hablando con Él acerca de nuestra vida, la vida de los demás y el mundo que nos ha tocado vivir. Teniendo conversaciones de calidad con aquel con quien podemos compartir las emociones más profundas, los estados de ánimo más reales. Conversaciones que no se pueden tener con cualquiera, porque no cualquiera las podría entender. Porque sería imposible articularlas sin que nuestro interlocutor, en el mejor de los casos no se sorprendiera, extrañara o incluso se asustara; en el peor de los casos nos juzgara y condenara.  Todo eso y mucho más es posible con Dios pero, para conseguirlo es necesaria la tranquilidad y la confianza, el estar a solas con Él, el buscarlo de forma in...

OIR LA VOZ DE DIOS

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Mis ovejas reconocen mi voz, yo las conozco, y ellas me siguen. (Juan 10:27) El gran estudioso bíblico William Barclay cuenta con asombro como los pastores en Oriente Medio se juntan con sus rebaños alrededor de los pozos de agua. Mientras las ovejas beben ellos descansan y hablan. En este proceso todas las ovejas se mezclan entre sí. Asombrosamente, cuando llega el momento de irse, los pastores emiten unos sonidos característicos que solo son seguidos por las ovejas que pertenecen a su rebaño. Estas, sin ningún lugar a confusión, reconocen su voz y, consecuentemente, la siguen. Al leer estos comentarios de Barclay las palabras de Jesús en el discurso del Buen Pastor cobran todo su sentido. Creo que una de las evidencias de una fe adulta y madura es la capacidad para escuchar y reconocer la voz del Pastor. Es una señal que nos distingue de esa fe infantil, de escuela dominical de la que hablaba anteriormente. Pero escuchar esa voz y distinguirla no es fácil, y no l...

EL DIOS DE LOS NIÑOS ¿ES TODAVÍA TU DIOS?

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Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, razonaba como niño; al hacerme adulto, dije adiós a las cosas de niño. (1 Corintios 13:11) El razonamiento del apóstol Pablo es impecable; las cosas se ven de forma diferente desde la niñez y desde la vida adulta ¿mejor, peor? ¡Diferente! Todos los que tenemos una determinada edad somos capaces de mirar hacia atrás y ver cómo ha cambiado nuestra forma de pensar, nuestra manera de entender y vivir la vida. Las relaciones, experiencias y situaciones que hemos vivido, junto con la información que hemos adquirido, han producido, en ocasiones, de forma traumática, ajustes en nuestro paradigma y comprensión de cómo  funciona algo tan complicado como la vida. Muchos nos hemos encontrado con la brutal realidad de que no todo es blanco y negro como pensábamos cuando éramos niños; hay una casi infinita gama de grises que debemos aprender a manejar.  ¿Pero qué sucede con nuestra comprensión de Dios?...