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EN EL SEÑOR

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Ayer Isaías me retaba a pensar en qué o quién ponía mi confianza. Hoy, el profeta, de parte del Dios me ha inspirado con estas palabras y me ha dado la respuesta. Podré mi confianza en el Señor. recobran, en cambio, su fuerza, los que esperan en el Señor, alzan el vuelo como las águilas; corren pero no se cansan, andan y no se fatigan (40:31) No temas, que estoy contigo; no te angusties, que yo soy tu Dios. Te doy fuerzas y voy a ayudarte, te sostiene mi diestra salvadora (41:10) Porque yo, el Señor tu Dios, soy quien te toma de la mano, quien te dice: nada temas, porque yo soy tu auxilio (41:13)

CUESTION DE CONFIANZA

Hoy seguía con mi lectura de Isaías y he encontrado uno de los pasajes históricos. Jerusalén está sitiada por las tropas de Asiria y el jefe del ejército sitiador desafía a los habitantes y al rey de Judá con estas palabras, ¿En qué basas tu confianza? (Isaías 36:4) Me ha hecho pensar en mi propia vida y en mi propia situación. ¿Cuál es la base para mi confianza en este tiempo de tanta crisis y de tanta incerteza e inseguridad? ¿Qué me permite afrontar el futuro con confianza y paz? ¿Son los inversores, las iglesias que apoyan, los amigos que tienen dinero? Pienso que hay momentos en la vida en que nos vemos forzados por las circunstancias, la vida, la realidad a preguntarnos a nosotros mismos esta pregunta. Hay momentos en que uno tiene que decidir en qué o quién confiar.

LA JUSTICIA DEL REINO

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El que se conduzca y hable con justicia, el que rehuse aprovecharse de la opresión; el que sacuda su mano rechazando el soborno, el que tape su oído a propuestas criminales, el que cierres sus ojos al mal. Este habitará en la altura, refugiado en un baluarte rocoso, recibirá si falta pan y agua. (Isaías 33:15 y 16) Una de las cosas que he aprendido de la Biblia es que cuando algo se repite es porque es importante. La justicia es un tema bastante repetitivo, especialmente en el Antiguo Testamento. Dios se presenta y se proclama un Dios justo, que no admite ni soporta la injusticia y que espera que su pueblo actúe en consecuencia con su carácter. Me sorprende cómo he podido pasar tantos años ignorando este aspecto tan importante de Dios y preocupándome únicamente o, mejor dicho, principalmente, por la moral sin tener en cuenta la justicia. Quiero vivir justamente, buscando y persiguiendo la justicia, porque de esa manera representaré y reflejaré el carácter de mi Dios.

¿DE DÓNDE VIENE MI FUERZA?

Hoy he leído en Isaías 30:15, vuestra fuerza está en confiar serenamente. Como cualquier persona busco la seguridad en aquellas cosas que, según mi criterio, pueden proporcionármela. Relaciones adecuadas, sustento financiero, posiciones de autoridad, etc. El pueblo de Israel buscaba su seguridad en los pueblos vecinos y alianzas con ellos. Necesito pensar de dónde viene mi fuerza, mejor dicho, dónde la estoy buscando y asegurarme que realmente la busco y la encuentro en descansar confiada y relajadamente en el Señor.

CULTO GENUINO

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El Señor ha dicho: Este pueblo me da culto de palabra y me honra sólo con sus labios, mientras su corazón está lejos de mí y su piedad hacia mi se reduce a fórmulas humanas rutinarias. (Isaías 29:13) El corazón en la antropología hebrea no tenía nada que ver con las emociones. Antes al contrario, se suponía que están radicaban en las entrañas, mientras que el corazón tenía que ver con el centro de control, con el dominio de la vida, con la voluntad. Las palabras de Isaías hablan de una religión del corazón, es decir, que afecta a todas las esferas de la vida, en contraste con una religión superficial. Leer este pasaje me lleva a preguntarme cuán arraigada está en mi corazón mi espiritualidad.

LA MUERTE

Sigo con mi lectura de los capítulos del libro de Isaías. En ocasiones, es difícil encontrar cosas muy significativas. Al menos, lo es para mí que no soy un erudito bíblico. Sin embargo, en el capítulo 25, versículo 8 he leído una afirmación que me llena de esperanza. El Señor afirma, Destruirá para siempre la muerte. Cuando uno se va haciendo viejo, como es mi caso, y a mi alrededor amigos y familiares sufren a causa de la enfermedad, la muerte se hace presente y constante. La muerte es el último enemigo a batir, una realidad por la cual todos, tarde o temprano debemos pasar y que es inevitable del todo. Ahora bien, es una gran esperanza saber que la muerte, será destruida para siempre y que tendremos la victoria final en Jesús.

NO TUVISTE EN CUENTA AL SEÑOR

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El capítulo 22 de Isaías habla de los preparativos de los habitantes para reforzar la ciudad a fin de protegerla de los ataques del enemigo. De manera concienzuda y persistente hicieron todo aquello que estaba al alcance de sus manos. Reforzaron los muros de la ciudad, construyeron almacenes, derruyeron casas para que las murallas pudieran ser más sólidas y depósitos de agua que les proporcionaran suministro en tiempos de un posible asedio. El profeta describe todo esto pero menciona, no mirasteis a quien lo había hecho. Ellos hicieron todo lo que estaba en sus manos, sin embargo se olvidaron de volverse hacia Dios, quien había decidido que la ciudad sería atacada a consecuencia de su continua rebelión e impiedad. Pienso que en mi vida pueden darse situaciones similares. Hacer todo lo que esté en mi mano para impedir determinadas situaciones y olvidarme de ir a la raíz que las provoca que, en muchas ocasiones, puede ser mi alejamiento del Señor.