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EL DIOS QUE TE SALVÓ

Vuelvo a publicar después de dos semanas sin hacerlo debido a diferentes viajes. Hoy estaba leyendo los capítulos 16, 17 y 18 del libro de Isaías y me ha llamado la atención el siguiente versículo, porque olvidaste al Dios que te salvó; no recordaste que Él es tu refugio seguro (18:10) Me ha hecho pensar en la importancia de no olvidar estos dos aspectos tan importantes de mi Dios, el que salva y el que es refugio seguro. ¡Qué importante es tener en cuenta ambos aspectos! especialmente cuando hay circunstancias en la vida que nos provocan inseguridad, dolor, miedo, desesperanza. Especialmente cuando el futuro se presenta incierto y sin perspectivas. No quiero olvidar que Dios es quien salva y es un refugio seguro.

EL SEÑOR DE LA HISTORIA

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Hoy he leído los capítulos 13, 14 y 15 de Isaías. En ellos se recogen oráculos sobre diversas naciones vecinas de Israel. El oráculo era la manera en que el profeta transmitía los mensajes recibidos del Señor. Para mí, la lección aprendida en estos pasajes es acerca del señorío de Dios sobre la historia. El continúa llevando a cabo sus planes a pesar de que para mí, la mayoría de las ocasiones, estos pueden pasar desapercibidos e ignorados.

EL PAÍS REBOSARÁ DEL CONOCIMIENTO DEL SEÑOR

La primera parte del capítulo 11 me ha motivado muchísimo. Es uno de los textos de la Biblia en los que se describe el mundo como será en el futuro, cuando Dios culmine la historia, y no como el pecado lo ha moldeaedo. Pero lo que más me ha llamado la atención es que eso de debe al conocimiento del Señor, es decir, a que la gente, cuando conoce a Dios cambia y cambia también su relación con el entorno.

ESPERANZA

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Ayer visité Wittemberg, el lugar donde nació la Reforma Protestante. Vi la iglesia donde Martín Lutero clavó sus famosas tesis que dieron comienzo a todo. La iglesia es en parte una fortaleza y la torre de la foto es su principal bastión. En la parte superior de la misma están escritas las palabras del Salmo 46, Nuestro Dios es una poderosa fortaleza, nuestro pronto auxilio en los momentos duros . Palabras que inspiraron el famoso himno de Lutero, Castillo fuerte. Al pensar en la solidez de aquella torre la he relacionado con las palabras de Isaías Yo confío en Él, en Él he puesto mi esperanza. La verdad es que no sé que me traerá el futuro, pero deseo de todo corazón poder responder diciendo lo mismo y no olvidando que Él es una poderosa fortaleza.

BUENA VIÑA

Mi amigo esperaba del viñedo uvas dulces, pero las uvas que dio eran agrias. Esto lo dice el capítulo 5, versículo 2 del libro de Isaías . El profeta usa la metáfora del pueblo de Israel siendo un viñedo y Dios su cuidador. A pesar de todo el cariño y mimo por Él puesto, Israel no ha dado buenos frutos, ha sido una viña que ha dado uvas agrias. He pensado en mi vida y en qué tipo de frutos da. He meditado en todo lo que Dios ha hecho y sigue haciendo por mí y de qué maneras respondo a todo ello. Me planteo si estoy siendo el agente de restauración que Dios espera y desea que sea en medio de este mundo lleno de tantas necesidades.

LO QUE DIOS REQUIERE

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Después de varios días sin conexión a Internet estoy de nuevo en condiciones de publicar mis pensamientos. He comenzado la lectura de Isaías. Los profetas tienen, a menudo, en sus escritos, una fuerte carga social y política. En el primer capítulo el profeta, hablando de parte de Dios dice, ¡Lavaos, limpiaos! ¡Apartad de mi vista vuestras maldades! ¡Dejad de hacer el mal! ¡Aprended a hacer el bien, esforzaos en hacer lo que es justo, ayudad al oprimido, haced justicia al huérfano, defended los derechos de la viuda! Para mí ha sido desafiante el comprobar una vez más que Dios, no sólo está preocupado con la santidad, también lo está con la justicia. Que Dios, no únicamente está preocupado con mi religiosidad, sino con mi misericordia y preocupación por aquel que sufre

AL FINAL DE TODO

Se acabó el libro de Eclesiastés. Un libro que merece ser visitado una y otra vez. En el último de los capítulos, el 12, en el último de los versículos leo, Dios nos pedirá cuentas de todos nuestros actos, sean bueno o malos, y aunque los hayamos hecho en secreto. Al final de nuestros días toda nuestra vida será sometida a jucio y escrutinio. Todos nosotros sabemos que es importante y necesario que más allá de la justicia terrena, tan a menudo limitada e incapaz de hacer las cosas de forma correcta, tan a menudo manipulada en beneficio propio por los poderosos, haya una justicia divina que será ecuánime y de la que ningún ser humano, por fuerte, poderoso o influyente que sea, podrá librarse. Pensar en esto me ayuda de dos maneras. La primera, debo vigilar la manera en que vivo y pienso. La segunda, da un sentido de esperanza de que tanta y tanta gente que daña a tantos inocentes no podrá escapar del juicio de Dios.