CARTA DE SANTIAGO: LOS POBRES

 


El hermano de humilde condición debe sentirse orgulloso de su dignidad. (Santiago 1:9)

Déjame, una vez más, darte contexto sobre esta carta. Son instrucciones acerca de cómo vivir como agentes de restauración y reconciliación en un mundo roto, es un manual para ello. Ahora se dirige a los humildes de la comunidad. 

En el año 54 después de Cristo murió el emperador Claudio y el senado de Roma lo deificó. Nerón, su sucesor, se convirtió automáticamente en hijo de dios. En todo el Imperio Romano solamente había una persona que tuviera ese título, esa dignidad. O tal vez no. Los esclavos y pobres que formaban parte de las crecientes comunidades cristianas se sabían hijos del Dios que había creado y seguía sustentando el universo. Por medio de Jesús, el Mesías, habían sido adoptados como hijos de un Dios auténtico, no de un dios creado como simple maniobra política. Consecuentemente su estado legal, aunque fueran esclavos, o su condición económica, aunque fuera pobres, no les restaba ningún valor a su sentido de identidad y dignidad, esta procedía de su relación con el Padres y podían con todo derecho sentirse superiores a Nerón. 

Esto nos plantea un desafío a nosotros que vivimos en pleno siglo XXI. ¿De dónde procede nuestra dignidad e identidad? ¿la basamos en la aceptación por parte de los demás, por el poder que ostentamos, por nuestra posición social, cultural, religiosa, económica o política?

Piénsalo, tal vez estás construyendo la casa -tu identidad, tu dignidad- sobre la arena y no sobre la roca.

Comentarios

Entradas populares de este blog

SE PROPICIO A MÍ PECADOR

¿QUÉ ES LO QUE NO VEO?

SENSATEZ