CUARESMA DÍA 36
Entró una vez por todas en el lugar santísimo, no con sangre de machos cabríos o de toros, sino con la sangre propia, rescatándonos así para siempre. (Hebreos 9:13)
Cuando nos acercamos al capítulo 3 del libro de Génesis observamos que el pecado introdujo en la experiencia del ser humano la culpa, la vergüenza y el miedo. El sacrificio de Jesús nos libra de estos tres efectos del pecado y es bueno, durante este tiempo de Cuaresma, reflexionar sobre cada uno de ellos.
Hoy te invito a pensar en la culpa. La culpa es una responsabilidad y un sentimiento. Responsabilidad por haber transgredido por medio de nuestras acciones u omisiones determinadas leyes. Sentimiento porque experimentamos un dolor interior por habernos saltado nuestras reglas éticas y morales. Por tanto, somos y nos sentimos. Aunque podemos ser sin sentir, sin tener conciencia de esa responsabilidad que hemos asumido al transgredir la ley de Dios.
Es importante tener en cuenta esta doble dimensión -responsabilidad y culpa- porque el sacrificio de Jesús nos libra de la primera al ser declarados justos por medio de la fe en Él. Hemos ido ante el tribuna y el veredicto ha sido de no culpable. Sin embargo, podemos seguir experimentando ese dolor interno, ese sentimiento. En cualquier caso cuando hemos sido absueltos el sentimiento no proviene del Señor sino de Satanás que continuará intentando que nos sintamos culpables ya que legalmente no puede culpabilizarnos.
¿Cómo está este asunto en tu vida? ¿Estás experimentando la libertad de las dos dimensiones de la culpa? Si no es así ¿Qué debes hacer?

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