CUARESMA DÍA 33
En cambio el Espíritu produce: amor, gozo, paz, tolerancia, amabilidad, bondad, lealtad, humildad y dominio de sí mismo. Ninguna ley existe en contra de todas estas cosas. (Gálatas 5:22-23)
Jesús, el Maestro, afirmó que honramos a nuestro Dios y Padre cuando llevamos mucho fruto. Dijo también que esa sería una evidencia irrefutable de que somos sus discípulos. Pablo lo aterriza -como es su costumbre- en este conocido pasaje de su carta a los Gálatas.
El razonamiento sería el siguiente: Jesús vive en la vida de cada uno de sus seguidores. Lo hace por medio de su Espíritu Santo. De hecho, Pablo afirma que si alguien no tiene el Espíritu no pertenece a la familia de Jesús. La evidencia externa de esta realidad interna es el fruto que el Espíritu produce en la vida de los seguidores de Jesús, un fruto que debe ser visible para las personas que nos rodean. Este sería el que honra al Padre y prueba nuestro discipulado.
Volvamos, una vez más, a la reflexión de este tiempo cuaresmal. Miremos nuestra vida y preguntémonos cuán evidente es ese fruto del Espíritu en nuestras vidas. Si tomáramos una por una cada de esas expresiones y las valoráramos de 0 -poco evidente- a 10 -muy evidente- ¿Cuáles serían los resultados?

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