CÓMO MEDIR MI LIDERAZGO
Y aunque como apóstoles de Cristo, podíamos habernos presentado con todo el peso de la autoridad, preferimos comportarnos entre vosotros, con dulzura, como una madre que cuida de sus hijos. Sentíamos tal cariño por vosotros que estábamos dispuestos a entregaros, no sólo el mensaje evangélico de Dios, sino incluso nuestra propia vida. ¡Hasta ese punto había llegado nuestro amor! (1 Tesalonicenses 2:7-8)
Nunca ha dejado de sorprenderme el liderazgo autoritario en tantas y tantas iglesias evangélicas. Líderes que se apoyan en unos versículos sacados de aquí y de allá para blindar su autoridad frente a cualquier tipo de disidencia. Que nunca piden retroalimentación y que, lamentablemente, confunden sus gustos personales y forma de ver la iglesia, la misión, la alabanza, etc., y creen que equivalen a la voluntad del Señor. Alejados totalmente del modelo de Jesús y sus enseñanzas acerca de un liderazgo que debería caracterizarse por ser el siervo de todos, el menor, el más entregado y no el más honrado.
El de Jesús es un buen criterio para medirse. El servicio caracterizado por la humildad. Pablo nos da otro criterio que podemos usar. El amor maternal que se entrega por el bienestar de sus hijos. Un amor que lo entrega todo, incluso, de ser necesario, la propia vida.
El liderazgo no es el medio que uso para construir mi identidad, mi sentido de valor y dignidad. Al contrario, es o debería ser, la expresión de una identidad segura en Cristo que nos llama a una entrega de amor y servicio a otros.
Si eres líder pregúntate ¿Usas el liderazgo para servir o para servirte?
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