NO ENTIENDO COMO ESTOY TAN DÉBIL

 


Esforcémonos en crecer en todo, puesta la mira en aquel que es la cabeza, Cristo. (Efesios 4:15)

No entiendo porque mi cuerpo todavía no ha desarrollado musculatura y no me he convertido en un adonis. Cada semana voy al gimnasio una hora y media, aveces dos. Bueno, para ser honestos, no voy cada semana pero, seguro, seguro, dos veces al mes. Me siento en el banco de musculación y observo como esos tipos cachas trabajan duro. Llevo inscrito en este gimnasio años y me extraña el poco impacto que ha tenido en mi desarrollo muscular, sigo siendo un enclenque, un arguellado, un flojo. Por si fuera poco bajo y subo siempre las escaleras de mi apartamento. Cierto que no hay ascensor y vivo en el primer piso pero, todo suma ¿no?

Sé que no soy un literato pero, quería por medio de esta fábula, ilustrar la realidad de tantos seguidores de Jesús con años a sus espaldas y poca madurez. Definidos por la pasividad, por la creencia de que pasar por el local de cultos con mayor o menor frecuencia causará un milagro en ellos y se convertirán en personas maduras que reflejan el carácter de Jesús, el Maestro. Es tan infantil como creer que visitar el hospital una vez a la semana y de tanto visitarlo conocer el vocabulario sanitario te convertirá en un médico.

Contrasta con lo que señala el apóstol. Nos invita a esforzarnos, es decir, poner energía e intencionalidad para conseguir algo, en este caso crecer para ser más y más similares a Jesús. Nada pasará en tu vida sin esfuerzo y, pudiera ser, que tu realidad es un reflejo precisamente de eso, de la falta de esfuerzo

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