ROMANOS/ GUÍA PRÁCTICA PARA LA VIDA COTIDIANA 12/ NO PARA PUSILÁNIMES/ ROMANOS 12:17
A nadie devolváis mal por mal. Esforzaos en hacer el bien a cualquiera. (Romanos 12:17)
La vida cristiana es dura y está hecha para radicales, valientes y atrevidos. Nos es apta para pusilánimes, flojos y carentes de energía. Estos, mejor que se dediquen a otra cosa, muchos mejor que sigan a otros Maestro pero no a Jesús. ¿Por qué hago semejante afirmación? Me parece que está claro, hace falta mucho valor, muchas agallas, mucho carácter para no devolver el mal que nos hacen. De hecho, se requiere más valor para detener, el ciclo, el bucle, la espiral del mal que para continuar alimentándolo. No hay ningún mérito, ni valor, ni virtud en esto último, sin embargo, si lo hay en lo primero. Sólo los valientes, los seguros de sí mismos, los que tienen una clara identidad en Cristo pueden vivir sin devolver el mal, ¡Hace falta valor!
Hace falta ser radical y valiente para vivir haciendo el bien de una forma indiscriminada, incondicional, sacrificial. También para eso hacen falta muchas agallas. El bien es costoso, el bien no nos sale de natural, el bien no fluye como si fuera una energía universal que flota en el ambiente. El bien, hacer el bien, es duro, costoso, intencional, productivo. Pablo habla de esforzarse en hacerlo, lo cual indica todos esos adjetivos que antes he mencionado. El diccionario de la Real Academia de la Lengua afirma que esforzarse es: "el empleo enérgico del valor o actividad del ánimo para conseguir algo venciendo todas las dificultades".
Seamos serios, el evangelio no es acerca de autoayuda, sentirnos bien, satisfacer nuestras necesidades, confortar nuestro corazón. El evangelio es acerca de la derrota del mal, de restaurar el universo, de colaborar con Cristo, de hacer que este mundo sea lo que Dios pensó y el pecado impidió y eso, eso se hace día a día, con coraje, con valor, con esfuerzo y siendo radical.
¿Sirves al maestro adecuado? ¿Te has equivocado de equipo? ¿Demuestra tu vida ese tipo de requisitos que Dios espera?
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