SALMO 7. UN CLAMOR POR JUSTICIA


¡Pon fin a la maldad de los malvados!

Hay cosas que claman al cielo. Eso indica una popular frase castellana. Hay cosas que no se pueden ni se deben soportar. Hay demasiada injusticia, dolor, opresión y miseria que sufren muchos seres humanos -creados como yo a la imagen de Dios, por los que también Jesús murió- ante la que no puedo hacer nada, salvo clamar al cielo.

Al leer este salmo he entendido el sentido de esa vieja expresión de nuestro idioma, porque el salmo es un clamor al cielo, un lamento, un quejido, un grito desgarrado pidiendo que el Señor ponga fin a la maldad de los malvados que campan a su aire sin que aparentemente nadie haga o pueda hacer nada por detenerlos.

El salmista me desafía a clamar al cielo por justicia, porque una y otra vez, a lo largo del salmo se repite y se afirma que, Dios es juez. Para mi vida personal la lección del salmo es vivir escandalizado de forma constante ante las injusticias, el dolor y el sufrimiento causado por los malvados y dirigir al Señor mi indignación en la forma de oración por el que sufre y justicia para el que hace sufrir.

El salmista también me anima a no olvidar que aunque los malvados triunfen aquí y parezcan ser inmunes e invulnerables les espera la justicia de Dios. El salmo termina con estas palabras:

Mirad al malvado:
tiene dolores de parto,
está preñado de maldad
y dará a luz mentira.
Ha cavado una fosa muy honda,
y en su propia fosa caerá.
¡Su maldad y su violencia
caerán sobre su propia cabeza!
Alabaré al Señor porque él es justo;

Un principio

Vivir clamando al cielo.

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