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JESÚS, TENTACIÓN



El diablo, entonces, terminó de poner a prueba a Jesús y se alejó de Él en espera de una ocasión más propicia. (Lucas 4:13)


Jesús tiene plena conciencia de su identidad y ha recibido el respaldo y reconocimiento del Padre. Sin embargo, aún no ha comenzado lo que podríamos denominar la dimensión pública de su ministerio. Todavía no se ha dado a conocer a la gente ni ha escogido sus discípulos. Antes debe pasar por un tiempo de prueba de cuarenta días. Lucas nos da dos detalles que son muy importantes: El primero es que Jesús aparece lleno del Espíritu Santo. La expresión lleno tiene el sentido de capacitado, empoderado, dirigido. El segundo es que el propio Espíritu lo dirigió al desierto y allí fue tentado por el diablo. A pesar de que los evangelistas narran este evento en tan sólo unos pocos y breves versículos, el propio texto nos indica que fueron cuarenta largos días en los cuales Jesús debió de estar meditando y pensando sobre la misión encomendada por el Padre y cómo llevarla a cabo.

Los escritores de los evangelios narran tres tentaciones, lo cual no necesariamente significa que fueran las únicas, aunque si las más significativas y, por esa razón, han debido ser recogidas en el texto bíblico. Afirmo que no debieron ser las únicas porque de las últimas palabras del pasaje de Lucas se desprende que Satanás volvió a tentar al Maestro en otras ocasiones. Pero todo parece indicar que las tres que aparecen narradas tienen que ver con la misión de Jesús y los medios para llevarla a cabo. No soy un experto en teología, sin embargo, una rápida ojeada a las mismas me da la impresión que están relacionadas con optar por el camino fácil -pan, poder, señales- en vez del camino del sufrimiento tal y como se anunciaba proféticamente al hablar del siervo del Señor en Isaías. 

Al meditar sobre el pasaje veo un claro paralelismo -que posteriormente recogerá Pablo en la carta a los romanos- entre Jesús y Adán. Ambos se encontraron ante el dilema de hacer caso a Dios o desobedecerlo. Adán optó por la rebelión mientras que Jesús optó por la obediencia a Dios. En una repetición histórica de la situación de Génesis, Jesús, el hombre nuevo, opta por el proyecto de humanidad que Dios tuvo en mente desde el principio y Adán hizo inviable con su pecado. ¿Pudo Jesús haber pecado? Esta ha sido una discusión que ha estado en marcha durante siglos. Muchas almas sensibles se escandalizan si afirmamos que ¡Naturalmente que Jesús pudo pecar! La cuestión básica es que no lo hizo. Si el Mesías no podía pecar ¿Qué sentido tienen las tentaciones? ¿Son simplemente puestas en escena? ¿Son montajes para acentuar el aspecto dramático? ¿Qué mérito tiene la obediencia cuando lo único que puedes haces es obedecer? La obediencia sólo tiene valor moral cuando la desobediencia es posible pero no se opta por ella.

Pero, como ya he afirmado en otras ocasiones, para mí tiene un increíble valor la tentación de Jesús. Si Él fue tentado puede entender los procesos mentales y espirituales por los que tengo que pasar cuando yo mismo lo soy. Puede empatizar y yo, triste mortal, puedo ¡Al fin! sentirme comprendido -que no justificado- en la triste y dura realidad de ser un ser humano tarada por el pecado y propenso al mismo. He experimentado en muchas ocasiones la tristeza de no poder hablar con otros acerca de mi situación real. También la de compartir cosas que los otros no han podido llegar a comprender ni entenderme. Eso, sin embargo, nunca me ha pasado ni me pasará con Jesús, Él también fue tentado.


¿En tu seguimiento de Jesús qué significaría optar por el camino fácil en vez del camino del dolor y el sufrimiento? ¿Qué beneficios puede aportar en tu relación con Jesús el saber que Él entiende al que es tentado?

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