SEGUNDA CARTA DE PABLO A LOS CRISTIANOS DE CORINTO/ COSECHA 2/ 9:1-15



De cada uno según le dicte su conciencia, pero no a regañadientes o por compromiso, pues Dios ama a quien da con alegría. (2 Corintios 9:7)


Pablo nos indica otro principio de la ley de la siembre y la cosecha, el principio de la motivación que nos mueve a dar. Veo que razonamiento aplastante que hay detrás del mismo. Un seguidor de Jesús puede pensar, si recogeré en proporción a lo que siempre, más vale, por si acaso que siembre con abundancia.

Y lo puede hacer, sin embargo, su motivación puede ser el compromiso -en el sentido negativo del término- o hacerlo a regañadientes, incluso hacerlo con la motivación incorrecta de dar para recibir. En todos estos supuestos realmente se da, pero la motivación equivocada mata la acción correcta. 

Pablo indica pues que no es únicamente una cuestión de dar, sino una cuestión de cómo se da, con que actitud, con que motivación y la que Dios aprueba, según el apóstol, es aquella que da con alegría porque considera que hacerlo, no es un carga, es un privilegio que el Señor nos otorga de ser agentes de restauración y constructores de su Reino por medio de nuestros recursos y, recordemos, que no estamos hablando únicamente de los económicos.

Casi te diría que si no puedes dar de tu tiempo, dinero, esfuerzos, dones, etc., con alegría, tal vez no vale la pena que lo hagas, tu motivación invalidad tu acción y deshonra a Dios. 

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