JESÚS, QUE ESTÁS EN LOS CIELOS

 




...que estás en los cielos... (Mateo 6:9)

Prácticamente cada día oro por mis hijos y mis nietos. A menudo, dos veces, de forma individual y con mi esposa Sara. Con frecuencia, al orar, pienso en padres y abuelos que experimentan la impotencia ante las realidades que viven sus hijos. Padres que quisieran intervenir pero no pueden porque las circunstancias se lo impiden, porque las cosas están más allá de su control y/o capacidad. Así somos los padres humanos.

Por eso es significativa la afirmación que nos compartió Jesús. Dios es nuestro Padre, ese padre que es mostrado en la parábola del hijo pródigo pero, a su vez, está en los cielos y eso nos ayuda a ver, con todas sus implicaciones, otra dimensión de cómo es nuestro Dios. Esta frase nos recuerda que Dios sigue teniendo el control de la historia en sus dimensiones macro -de la humanidad- y micro -de mi vida personal-. Dios continúa siendo el creador y sustentador del universo y, aunque a menudo parezca lo contrario, cumplirá sus propósitos en las dos dimensiones que antes he mencionado. Nuestro Padre no es impotente, incapaz de intervenir en la historias y las historias.

Que estás en los cielos pone en perspectiva nuestra oración. Añade el poder y la soberanía del Señor a la expresión, Padre, que justamente mencionamos antes. El amor y el poder se unen en aquel a quien dirigimos nuestras oraciones, con el añadido de que ese poder está dirigido por el amor y se orienta al amor.

¿Cómo puede ayudarnos en los momentos en que nos vemos sobrepasados por la vida el entender que nuestro Padre está en los cielos? ¿Qué situaciones personales hacen necesario que apliques esa verdad?

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