JESÚS Y LA IRA
Al verlos tan obcecados, Jesús les echó una mirada, enojado y entristecido al mismo tiempo, dijo al enfermo: — Extiende la mano. Él la extendió y la mano recuperó el movimiento. (Marcos 3:5) Hay expectación en la sinagoga. La gente se pregunta si Jesús será capaz de quebrantar el sábado y curar a la persona enferma. Parece ser que ya comienzan a conocerlo y saben que, ante un caso de necesidad, no se frenará y les dará lo que buscan, una ocasión para acusarlo. Jesús no tiene ningún problema el saltarse a la torera el sábado; ya lo ha demostrado en otras ocasiones. Lo que realmente le sabe mal es, literalmente, la dureza de su corazón ante la situación de necesidad de un ser humano. Su intransigencia en colocar los deberes y rituales religiosos por encima del sufrimiento de un congénere. La respuesta de Jesús -suavizada por la traducción al castellano- es ira. Un sentimiento de enojo que se produce cuando uno siente que sus valores o prioridades más importantes s...