JESÚS, NO HACE FALTA COMPETIR CON OTROS.
«Pues eres precioso a mis ojos, muy importante, y te quiero». (Isaías 43:4) Siempre me ha llamado la atención la parábola que contó Jesús acerca de un fariseo que, mientras oraba, se comparaba con un recaudador de impuestos. Daba gracias a Dios porque se consideraba mejor que él: más espiritual, más santo, más dedicado, más fiel y más respetable. Su manera de afirmar su identidad y su valor consistía en mirar al otro desde arriba. «Soy mejor que él». Así respondía a esa pregunta que, de una forma u otra, todos nos hacemos: ¿quién soy? De la misma manera que algunas personas se definen por lo que los demás piensan de ellas, otras construyen su identidad sobre la necesidad de ser mejores que quienes las rodean. «No sé muy bien quién soy, pero sé que soy mejor que tú, y eso me hace sentir valioso». Sin embargo, vivir así produce un profundo desgaste emocional, mental e incluso espiritual. Nos obliga a competir constantemente, de manera consciente o inconsciente. Lo sé por experienci...