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JESÚS, ORAR

De madrugada, antes de amanecer, Jesús se levantó y, saliendo de la ciudad, se dirigió a un lugar apartado a orar. (Marcos 1:35)


Esta pauta de conducta es algo que vemos frecuentemente en Jesús. Buscando espacios de soledad para estar con el Padre. Sustrayéndose a las presiones, tensiones, demandas y urgencias de la vida cotidiana para poder tener tiempos de oración, reflexión y meditación. Pero no deja de ser una paradoja que Dios busque tiempo para estar con Dios. ¿Qué parte de la naturaleza de Jesús necesitaba esos momentos de comunión, la humana o la divina? Sin duda este hábito en la vida del Maestro es una muestra de su humanidad y como tal de la necesidad de depender del Padre para afrontar y manejar la vida cotidiana. No podemos olvidar que Pablo, escribiendo a los filipenses, ya nos indicó que Jesús se despojó de su divinidad y tomó la condición de ser humano. Acerquémonos pues al Jesús humano, observémoslo y, consecuentemente, aprendamos de Él pautas para poder aplicar y vivi…
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JESÚS, EL PLACER

Todo el mundo sirve al principio el vino de mejor calidad, y cuando los invitados han bebido en abundancia, se saca el corriente. Tú, en cambio, has reservado el mejor vino para última hora. Jesús hizo este primer milagro en Caná de Galilea. Manifestó así su gloria y sus discípulos creyeron en él.Después de esto, bajó a Cafarnaún acompañado por su madre, sus hermanos y sus discípulos. Y permanecieron allí unos cuantos días. (Juan 2:10-12)
Los cristianos siempre hemos tenido una relación complicada con el placer, especialmente con aquellos de tipo físico; porque también existen placeres emocionales, intelectuales e incluso espirituales. Al pensar en ello viene a mi mente la sarcástica frase: "todo lo que me gusta o es pecado o engorda". En el mejor de las casos el placer es sospecho. En el peor escenario siempre es pecado. Entiendo que todo ello viene de la tremenda influencia que el pensamiento griego ha ejercido sobre el cristianismo. Para ellos todo lo relacionado con el cue…

JESÚS, RESTAURADOR 4

Se acercó entonces a Jesús un leproso y, poniéndose de rodillas, le suplicó: — Si quieres, puedes limpiarme de mi enfermedad. Jesús, conmovido, extendió la mano, lo tocó y le dijo:— Quiero. Queda limpio. Al instante le desapareció la lepra y quedó limpio.Acto seguido Jesús lo despidió con tono severoy le encargó: — Mira, no le cuentes esto a nadie, sino ve, muéstrate al sacerdote y presenta la ofrenda prescrita al efecto por Moisés. Así todos tendrán evidencia de tu curación. (Marcos 1:40-44)
Hemos visto a Jesús restaurar física y espiritualmente. En esta ocasión lo veremos restaurando emocionalmente a una persona. Nos dice el texto que el Maestro tocó al leproso y lo sanó. Tocarlo era totalmente innecesario para sanarlo. Tocándolo Jesús corría el riesgo de contagiarse de esa terrible enfermedad que suponía un estigma para cualquier persona que la padeciese. Además, al tocarlo se volvía impuro para poder participar en la vida religiosa de Israel. Una persona que entraba en contacto fís…

JESÚS, RESTAURADOR 3

Estaba allí, en la sinagoga, un hombre poseído por un demonio impuro que gritaba a grandes voces: — ¡Jesús de Nazaret, déjanos en paz! ¿Has venido a destruirnos? ¡Te conozco bien: tú eres el Santo de Dios! Jesús lo increpó, diciéndole: — ¡Cállate y sal de él! Y el demonio, tirándolo al suelo delante de todos, salió de él sin hacerle ningún daño. (Lucas 4: 34-35)
Jesús restauró físicamente pero también lo hizo espiritualmente. El Maestro confrontó la ruptura en nuestra relación con Dios que el pecado había provocado. Todo aquel que comete pecado, afirmó el propio Jesús, es un esclavo del pecado. La posesión demoniaca -algo que creo firmemente que existe- es probablemente la manifestación más extrema de cómo el pecado nos ha fracturado espiritualmente, sin embargo no es la única. Satanás es denominado en la Escritura -por el propio Jesús- como mentiroso desde el principio y padre de todas las mentiras. Sigue influenciando las mentes de las personas -incluyendo las de muchos seguidores de…

JESÚS, RESTAURADOR 2

Una de las consecuencias del pecado la experimentamos en la dimensión física. La enfermedad y la muerte son consecuencias del mismo. Necesito explicarme; no estoy afirmando que la persona que sufre un ataque cardiaco, padece un cáncer o un ictus lo padezcan como consecuencia de algún pecado específico. No trato de decir que esa persona sufre lo que sufre como castigo por algún pecado evidente o oculto ¡Para nada! Mi punto es que la enfermedad y la muerte no formaban parte del diseño natural de Dios. Todos hemos oído en alguna ocasión la afirmación que la muerte forma parte de la vida, que es algo normal y natural. Desde la visión cristiana del mundo y la vida no es así. Dios advirtió con claridad al ser humano que si desobedecían morirían. Y así fue. Pablo, escribiendo a los romanos nos dice que por un hombre, Adán, el pecado entró en el mundo y con él, la muerte. Muerte y enfermedad son consecuencias de la rebelión del ser humano contra Dios y su autoridad. Precisamente la resurrecci…

JESÚS, RESTAURADOR

A la puesta del sol, llevaron ante Jesús toda clase de enfermos, y Él los curaba poniendo las manos sobre cada uno. Muchos estaban poseídos por demonios, que salían de ellos gritando: -¡Tú eres el Hijo de Dios! (Lucas 4:40-41)

Pienso que sin un contexto más amplio es difícil entender el total significado de la venida de Dios a nuestro mundo en forma humana. Del mismo modo se hace complicado interpretar su trabajo misional, sus gestos, sus acciones. Nuestra teología es un filtro -ni bueno ni malo, simplemente un filtro- a través del cual observamos el ministerio de Jesús y le damos sentido a cada una de sus acciones. El tradicional, el mayormente usado hasta ahora, es por decirlo de alguna manera, marcadamente espiritualista. Resume el trabajo de Jesús a poder llevar al cielo a la mayor cantidad posible de personas, dejando intactas o pasando de puntillas por otras dimensiones de la realidad humana y no digamos social, económica o política. Este acercamiento no ve personas, ve más bien …

JESÚS, NAZARET

Al oír esto, todos los que estaban en la sinagoga se enfurecieron y, echando mano a Jesús, lo arrojaron fuera del pueblo y lo llevaron a un barranco de la montaña sobre la que estaba asentado el pueblo, con intención de despeñarlo. (Lucas 4:28-29)

Todo parece indicar que esta fue la primera vez que Jesús volvía a Nazaret y era invitado a leer la ley y los profetas después de haber comenzado su ministerio público en la región de Galilea. Su fama, como nos indica Lucas, ya se había extendido por toda la zona y su prestigio a los ojos de la gente crecía. Aquello debió de generar sorpresa e interés entre sus paisanos. Jesús era conocido en Nazaret pues hasta muy recientemente había estado viviendo allá y trabajando en el negocio familiar y había tenido la costumbre de visitar la sinagoga cada día de reposo. Parecía lógico que, de vuelta a casa, recibiera aquella invitación ¿Qué fue pues lo que provocó una reacción tan airada entre personas que conocían tan bien a Jesús? El propio pasaje lo…