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Mostrando entradas de septiembre 27, 2010

SALMO 38. CONFESIÓN

Si, yo confieso mi culpa,
me duele mi pecado.

Este salmo recoge las meditaciones de una persona abrumada por las consecuencias de su pecado. El salmista describe cómo su rebelión contra Dios le está haciendo experimentar consecuencias físicas, emocionales y sociales. Su cuerpo se resiente a todos los niveles, sus emociones se derruban y es vilipendiado por propios y extraños. El escritor afirma que todo ello es debido a su pecado y entiende que únicamente la confesión le librará de toda la situación.

Para mí los salmos de pecado son los más fáciles de sentirme identificado. Al leer las palabras del salmista he podido pensar en tantas ocasiones en que el pecado pasa factura y he experimentado sus consecuencias en forma de confusión, dolor físico o emocional, relaciones rotas, incapacidad de administrar mi propia vida y, en fin, muchas otras. Por eso, entiendo y valoro el gran privilegio que supone la confesión y el tremendo poder liberador que ejerce sobre nuestras vidas.

Confesar, la pala…