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Mostrando entradas de septiembre 13, 2010

SORDO

A ti, Señor, te invoco.
Roca mía, no te hagas el sordo;
que si enmudeces seré como
los que bajan al sepulcro.
Escucha mi voz suplicante
cuando te pido auxilio,
cuando levanto las manos
hacia tu templo sagrado.

Este salmo es de una gran crudeza como bien se puede ver por los versículos que he reproducido. Es tan brutalmente honesto que parece como si a mitad del salmo, el autor, se hubiera dado cuenta y hubiera cambiado el tono para hablar de la confianza en Dios, de cómo escucha su voz, de cómo el corazón del salmista se alegra por la respuesta del Señor.

Pero no es así como comienza, el tono final no es el tono inicial y, precisamente, eso ha sido lo que ha llegado a mi corazón, la realidad de que, en ocasiones, parece que Dios es sordo y no hay forma humana en que podamos entender el porqué de su ausencia de respuesta, el porqué de su falta de comunicación con nosotros, el porqué de esa sensación de abandono.

Si, sé que hay explicaciones y yo mismo me las he dado en los momentos de silencio d…