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Mostrando entradas de septiembre 11, 2010

SALMO 26. MIRA MI INTERIOR SEÑOR

Júzgame, Señor, que obro con honradez,
si confío en el Señor, no vacilaré.
Escrútame, Señor, ponme a prueba,
aquilata mis entrañas y mi corazón.

En este poema el salmista se acerca a la presencia de Dios para tener relación con Él. Consciente de que el Señor es un Dios justo pide ser examinado para asegurarse que nada puede impedir la comunión y la amistad. El salmista, hasta donde sabe, no tiene conciencia de pecado ni en su conducta, ni en sus actitudes, ni en sus relaciones, ni tampoco en sus motivaciones. A pesar de ello, le pide al Señor que escrute su corazón, es decir, que lo mire en profundidad, porque no tener conciencia de pecado no significa que no exista.

Me ha hecho pensar en mi propia vida y cómo el pecado puede estar presente sin que yo ni siquiera tenga conciencia del mismo. A veces me pasa que me justifico a mí mismo y encuentro razones más que sobradas para no aceptar que estoy en falso. Otras porque mi propio corazón puede ser muy sibilino y me puedo engañar a mí mismo …