JESÚS, INTERPRETAR LO QUE VEMOS

 


Volved a Juan y contestadle lo que habéis visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios de su enfermedad, los sordos oyen, los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia la buena noticia. ¡Y felices aquellos para los que yo no soy causa de tropiezo! (Lucas 7:22-23)

Juan el bautista, el primo de Jesús, está en un mar de dudas acerca de la identidad de Jesús. Tal vez el hecho de estar encarcelado y constatar que Jesús no hacía nada para liberarlo le había llevado a cuestionar lo que había proclamado acerca de Él y lo que vio en su bautismo. Sea como fuere decide enviar dos de sus discípulos al Maestro para que confirme si verdaderamente era el Mesías.

Lo interesante es la respuesta abierta de Jesús. Seamos honestos, era una oportunidad de oro para afirmar sin ambigüedad que era el Mesías. Sólo tenía que decir: sí, lo soy. Pero no, les pide a los enviados de Juan que ellos mismos tomen una decisión en base a su interpretación de la realidad que están viendo y observando. Es algo así como decirles: "bien chicos, en base a lo que habéis visto y oído ¿cuál es vuestra conclusión respecto a la pregunta y la duda de Juan?

Vamos a aterrizarlo. Está claro que cuando alguien quiere creer -atención, querer es un acto de la voluntad, una intención- encuentra a su alrededor multitud de evidencias que confirmar la necesidad de Dios y la fe. Por el contrario, cuando alguien no quiere creer ninguna cantidad de evidencias es suficiente y nunca lo será porque el problema no es intelectual -falta de evidencias o interpretación de las mismas- es de voluntad - negativa a creer sin importar la cantidad de evidencias-. Me encanta porque Jesús no se impone, simplemente nos invita a con total honestidad interpretar lo que vemos.

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