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VERGÚENZA

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  No me avergüenzo del evangelio. (Romanos 1:16) No hay que confundir vergüenza con bochorno. Esto último es lo que podemos experimentar cuando hacemos algo que está socialmente fuera de lugar. Por ejemplo, estamos en un concierto o en el cine y nuestro teléfono móvil comienza a sonar a toda potencia. Sin excepción, todos los que están a nuestro alrededor nos miran con un tono de desaprobación. Nos sentimos abochornados aunque tal vez usemos la palabra avergonzados. La vergüenza es algo más profundo. Es la plena conciencia de no ser el tipo de persona que deberíamos ser, que los otros esperan que seamos, y como no estamos a la altura sentimos que no somos dignos, adecuados, correctos. En fin, que algo erróneo debe de haber en nosotros. La vergüenza tiene que ver con lo que soy, no con lo que hago. Las personas, las familias y las organizaciones (incluidas las iglesias) escondemos cosas que no queremos que se sepan, que nuestro entorno conozca. Consideramos ...

DEUDA DE AMOR

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  Ya que me debo por igual a civilizados y a no civilizados, a sabios e ignorantes. (Romanos 1:14) La deuda de amor. Lo que el Señor ha hecho por mí y en mí me genera una deuda de amor hacia Él y hacia mi prójimo. Hacía el Señor porque la única respuesta posible a la gracia es el tratar -insisto en la palabra tratar- de agradar a aquel que de una forma tan increíble e incondicional me ha amado. No porque dejar de agradarle me podría hacer perder su gracia; antes al contrario, sino porque nada de lo que haga o deje de hacer puede alterarla, ¿Qué otra cosa puede hacer sino amarle? Hacia mi prójimo porque cuando he experimentado el increíble valor añadido que Dios ha traído a mi vida, no puedo guardármelo para mí y no compartirlo con otros. Cuando veo tanta necesidad material, física, emocional, espiritual e intelectual a mi alrededor no puedo guardarme este tesoro para mí, tengo una deuda con todos los seres humanos, tal y como decía el apóstol, judíos y gentiles, sabios e ignor...

GRACIA Y PAZ

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  Os deseo gracia y paz de parte de Dios, nuestro Padre, y de Jesucristo, el Señor. (Romanos 1:7) Interior y exterior. La gracia nos permite vivir con nuestra realidad interior, la paz nos permite hacerlo con nuestras circunstancias externas. Ambas se manifiestan sin negar la realidad, antes al contrario, abrazándola. La realidad interna de nuestras carencias, incoherencias, inclinaciones e incluso maldades. La realidad externa que, en tantas ocasiones, no es hostil, parece superarnos, ir más allá de nuestra capacidad de manejarla y gestionarla. Dios desea que experimentemos su gracia y su paz porque ambas son imprescindibles para poder vivir la vida cotidiana. Por eso, Él nos las ha concedido, están a nuestro alcance, tan solo hemos de aprender a vivir con ellas, a hacerlas nuestras, a aterrizarlas en la vida de cada día como parte irrenunciable de nuestra herencia como hijos del Padre. Al mismo tiempo, somos llamados a dar gracia y ser pacificadores para otros. Sin emba...

BREVE CURSO DE FELICIDAD, 10

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  Los destinó también desde el principio a reproducir la imagen de su hijo, que había de ser el hermano mayor entre muchos hermanos. (Romanos 8:29) Este, que Jesús sea formado en nuestras vidas, es el bien del que habla Pablo en el versículo 28. Vuelvo a insistir, el apóstol no está afirmando que todo nos saldrá bien, que todo será bueno, que iremos de bendición material en bendición material. Indica que lo mejor que Dios puede hacer por nosotros es formar a Jesús en nuestras vidas, es decir, hacer de nosotros la mejor versión posible de nosotros mismos. Jesús es el modelo de lo que un ser humano debería ser. Es el tipo de persona que  Dios tenía en mente cuando nos creó y el pecado hizo inviable. Conforme nos vamos pareciendo más y más a Jesús vamos siendo la mejor versión posible de nosotros mismos. Al mismo tiempo nos vamos volviendo más y más humanos, vamos recobrando aquella humanidad que el pecado nos arrebató. Vamos alcanzando la felicidad que todo ser humano, como ya h...

BREVE CURSO DE FELICIDAD, 9

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  Estamos seguros, además, de que todo colabora al bien de los que aman a Dios. (Romanos 8:28) Resumimos que la felicidad desde la perspectiva bíblica consiste en ser la mejor versión posible de nosotros (la que Dios tenía en mente cuando nos creó) y hacer una contribución única y singular al Reino de Dios (para la cual también nos ha dotado). Como un buen alfarero el Señor utiliza todas las circunstancias y situaciones de la vida para cumplir ese doble propósito en nosotros. Todo, absolutamente todo, puede ser usado por Él para nuestro bien, realización y felicidad. Este pasaje merece una explicación. En primer lugar, todo lo que nos sucede en la vida, especialmente las cosas negativas, no son, en ningún modo enviadas por Dios. En ocasiones sufrimos simplemente porque somos seres humanos y el dolor -la dimensión física- y el sufrimiento -la dimensión emocional- son consustanciales e inseparables de la condición humana. Los experimentan por igual creyentes y no creyentes. En otras,...

BREVE CURSO DE FELICIDAD, 8

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  Como el Padre me envió a mí, así os envío yo a vosotros. (Juan 20:21) Ser la mejor versión posible de nosotros mismos -Cristo formado en nosotros- y hacer una contribución al mundo -construir el Reino de Dios- esa es la auténtica felicidad. Jesús no vino únicamente para que pudiéramos ir al cielo. Fue enviado por el Padre para construir su Reino. Ese fue su mensaje a lo largo de sus tres años de ministerio. Proclamó y demostró el Reino, nos enseñó a orar para que viniera y se hiciera real en medio de nosotros. Pablo nos dice que Dios, por medio de Jesús, estaba reconciliando todas las cosas con Él, las que están arriba en los cielos y abajo en la tierra. También añade que a nosotros se nos ha dado el ministerio de la reconciliación.  Venga tu Reino, hágase tu voluntad. El Reino consiste en el conocimiento, reconocimiento y aplicación de la voluntad del Padre. Esta ya se cumple en los cielos; nosotros nos unimos a Jesús en la misión de que se cumpla también en la tierra....

BREVE CURSO DE FELICIDAD, 7

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  Hasta que Jesús sea formado en vosotros, Pablo de Tarso. Vamos a recapitular. La ciencia nos ha enseñado que ser feliz no tiene nada que ver con la loca carrera para huir del dolor y perseguir el placer. Más bien, como nos muestran Maslow, Keagan, Lahey, en ser la mejor versión posible de nosotros mismos y hacer una contribución al mundo, es decir, vivir más allá de nosotros mismos. Es precisamente lo que el Evangelio nos lleva enseñando desde hace 2000 años. Por eso, quiero desarrollar tres puntos: Primero, la mejor versión posible de nosotros mismos es ser semejantes a Jesús. Segundo, la mejor contribución que podemos hacer al mundo es llevar a cabo nuestra misión construyendo el Reino de Dios. Tercero, en todo ello, el dolor, sufrimiento y pruebas ocupan un lugar clave. Jesús es el nuevo Adán, el prototipo, el primero de una nueva creación. Jesús es el hombre nuevo que el evangelio desea construir y desarrollar. Cuando nosotros observamos al Jesús hecho hombre del Ev...