TRATAR DE RETENER A JESÚS
La gente estaba buscándolo y, cuando lo encontraron, querían retenerlo para impedir que se fuera de allí. Pero Jesús les dijo: -Tengo que ir también a otras ciudades, a llevarles la buena noticia del Reino de Dios pues para eso he sido enviado. (Lucas 4:42-43)
Retener a Jesús, que se quede únicamente con nosotros, que podamos asegurarnos la bendición continúa. El razonamiento de aquellas personas tenía todo el sentido del mundo. Si logramos que Jesús se quede aquí tenemos la bendición garantizada. Es una manera de pensar similar a aquellos que querían hacerlo rey porque habían sido alimentados. Fueron detrás de Él con el propósito de coronarlo y asegurar la provisión de alimentos en una época de precariedad alimentaria y donde sobrevivir cada día era una aventura para muchos. Jesús para nosotros.
Pero Jesús no puede ser retenido ni permite que lo tratemos de retener. Su llamado es a bendecir a todos sin excepción, imitando a su Padre que hace que el sol y la lluvia bendigan a justos e injustos de manera indiscriminada. Intentar retenerlo es ir en contra de su naturaleza y de su llamamiento, es incluso blasfemo e irreverente.
Por eso, los que tenemos a Jesús no tenemos el derecho de retenerlo sino que estamos llamados a compartirlo. No debemos estar pendientes de recibir su bendición, sino de dar la que ya hemos recibido a otros para no romper el ciclo de bendición que Dios ha puesto en marcha en el mundo y del cual Jesús fue parte y hoy en día nosotros somos parte. Cuando bendecimos a otros liberamos a Jesús y su poder. Cuando nos negamos a bendecir estamos intentando retener al Maestro y obstaculizar su obra.

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