JESÚS, CUANDO PERDEMOS ENERGÍA

 


Jesús se dio cuenta enseguida de que un poder curativo había salido de Él, se volvió, pues, hacia la gente y preguntó: ¿Quién ha tocado mi manto? (Marcos 5:30)

Hay un principio muy importante aquí representado, las relaciones humanas implican un intercambio de energía. Esto es especialmente cierto cuando se ocupa una posición de liderazgo dentro del mundo cristiano. Cada vez que un líder sirve, ministra, acompaña, escucha, aconseja, predica, y las otras múltiples expresiones del ministerio cristiano hacia las personas, el líder invierte energía, hay un trasvase de energía mental, espiritual y emocional que va desde aquel que ministra hacia aquel que es ministrado. Uno se ve enriquecido y otro, hasta cierto punto, si no empobrecido, sí menguado. Si piensas en términos de la batería de un teléfono móvil el nivel da descendiendo de forma inevitable.

Esto plantea varias preguntas: ¿Cómo puede el líder recuperar sus niveles de energía física, mental, emocional y espiritual? ¿Hasta cuándo se puede dar sin estar recibiendo? ¿Qué tipos de personas somos, consumidores eternos de la energía de otros, o bien estamos en un ciclo de ser bendecidos y bendecir? ¿Cuánta toxicidad hay en nuestras relaciones, estamos rodeados de personas tóxicas que no sólo no aportan sino que envenenan? ¿Somos nosotros mismos tóxicos? ¿Somos vampiros emocionales siempre chupando la energía de los demás? 

Para ser saludables todos, sin excepción, necesitamos estar en un entorno donde damos y recibimos saludablemente. 

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