Entradas

CÉNTRATE EN TI, NO EN LOS OTROS

Imagen
  Al verlo, Pedro preguntó a Jesús [acerca de Juan]: Señor, y este, ¿qué suerte correrá? Jesús le contestó: Si yo quiero que él quede hasta que yo vuelva ¿a ti qué? Tú sígueme. (Juan 21:21-22) La gran enseñanza de esta conversación de Jesús con Pedro es muy simple: tenemos una responsabilidad única, singular y personal de seguir a Jesús; lo que otros hagan o dejen de hacer no es asunto nuestro, es su responsabilidad o incluso su problema que tienen que resolverlo con el Maestro.  Es humano el compararnos con otros. El generar cierto resentimiento porque otras personas no están tan comprometidas como lo estamos nosotros -recordemos el hermano mayor de la parábola del hijo pródigo- . Incluso pensar que nos merecemos más las bendiciones del Señor que otros seguidores suyos que no muestran el nivel de compromiso que mostramos nosotros -recordemos la parábola de los viñadores y su decepción por el trato recibido. Definitivamente es humano pero, que lo sea no significa que no debamo...

TU CONDICIÓN

Imagen
  Porque Él conoce nuestra condición; se acuerda de que somos polvo. (Salmo 103:14) Dios no sólo conoce nuestra condición, la conocía cuando decidió tener una relación personal con cada uno de nosotros. A todos nos ha pasado el triste hecho de darnos cuenta de la auténtica condición de alguien que era significativo para nosotros. Cuando establecimos la relación pensamos que la persona era diferente y después comprobamos que su condición era otra con la natural decepción que eso conllevó.  No ese el caso del Señor quien plenamente consciente de nuestra realidad de ser seres totalmente rotos por el pecado, a pesar de ello, decidió amarnos incondicionalmente y continuar haciéndolo día tras día tras día. No puede haber decepción en Él porque sabe de la pasta de la que estamos hechos, conoce y asume plenamente nuestras inconsistencias, incoherencias e incluso pecados. No, no me malinterpretes, no estoy afirmando que sea frívolo o indulgente con todo ello ¡Para nada! pero su amor in...

TÚ SABES QUE TE AMO

Imagen
  Pedro se entristeció al oír que le preguntaba por tercera ve si lo quería y contestó: Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te quiero. Entonces Jesús le dijo: Apacienta mis ovejas. (Juan 21: 17) Este versículo pertenece a un bien conocido pasaje. Hay paralelismos con otros pasajes de la Escritura. Las tres preguntas de Jesús a Pedro fácilmente hacen eco de las tres negaciones del apóstol. Todo la situación nos recuerda el primer llamamiento de Pedro, precisamente, también después de una situación de pesca milagrosa. Al leerlo han venido a mi mente las siguientes reflexiones: Primera, la realidad de nuestra inconsistencia como seguidores de Jesús. Pedro prometió que aunque todos los demás lo negaran él siempre estaría a su lado. Implícitamente estaba afirmando que era superior a los demás. Ya sabemos el resultado. Todos nosotros hemos hecho multitud de promesas que hemos roto una y otra vez. Es así, somos incoherentes. No hago esta afirmación para justificar nada, simple...

ANIMAR DE PARTE DE DIOS

Imagen
  Jonatán, el hijo de Saúl, se puso en camino hacia Jorés para ver a David. Allí lo reanimó en nombre de Dios. (1 Samuel 23:16) David estaba en todas las dimensiones sobrepasado. Varias decenas de personas habían muerto por haberle ayudado cuando huía de Saúl. Este continuaba persiguiéndolo para matarlo. Los habitantes de una ciudad cercana a la que había salvado de los filisteos no dudaban, en un acto de flagrante ingratitud, entregarlo al rey para congraciarse con él. La Biblia nos describe su estado de ánimo como totalmente atemorizado. Entonces aparece Jonatan, a la sazón hijo del rey, consciente de la necesidad y estado de ánimo en que se debe encontrar su amigo. Jonatán corre el riesgo de aventurarse para encontrarse con él y, lo más importante, lo ministra de parte del Señor, le reanima; es decir, le reconforta, le da nuevo vigor, le restablece las fuerzas. ¿Qué podemos aprender de Jonatán? Desarrollar la sensibilidad hacia aquellos que están a nuestro alrededor y sufre...

UNA FE ESCONDIDA

Imagen
  Hoy he estado leyendo el pasaje de Juan 19 versículos del 38 al 42. En él se describe la sepultura de Jesús y se individualizan dos personas, José de Arimatea y Nicodemo. De ambos se indican que eran discípulos de Jesús pero lo mantenían oculto por temor a los judíos. Es curioso y significativo que en el peor momento de la historia de Jesús deciden hacer pública su fe  e identificarse con su Maestro. Uno pidió el cuerpo de Jesús al mismísimo Poncio Pilato y el otro participó activamente en su entierro.  Me ha hecho pensar en cuán a menudo vivo una fe escondida. Cuántas veces me he autocensurado y no he dicho abiertamente que soy un seguidor de Jesús y he afrontado las consecuencias o aprovechado las oportunidades que de ello se pudiera derivar. José y Nicodemo ocultaron su fe por miedo. Lo mismo me pasa a mí. Miedo a no ser relevante, a la opinión que otros se formarán de mí, a tener que dar explicaciones, a pasar por retrogrado, fundamentalista y tantos otros...

EXCLUIDO Y ESCOGIDO

Imagen
  No me elegisteis vosotros a mí; fui yo quien os elegí a vosotros. (Juan 15:16) Yo recuerdo mi infancia, en la España a caballo entre los años 50 y 60 del siglo pasado, como un tiempo de exclusión. Jugábamos en la calle o en la escuela y entre los varones el fútbol era el centro de toda la diversión. Se hacían equipos que de forma espontánea eran capitaneados por los dos niños más hábiles. Cada uno de ellos dirigía un equipo y por turnos escogían a los que serían sus jugadores. Naturalmente, elegían a los más capaces, a los que mejor jugaban. Al final acostumbrábamos a quedar dos o tres que éramos los patosos, los que no sabíamos jugar, los que éramos considerados una carga y nadie quería tenerlos en su equipo. Nunca te elegían, simplemente cargaban contigo porque era lo que quedaba y la esperanza del capitán era que, ya que no añadirías valor al juego, por lo menos no molestaras y no impidieras que los demás jugaran. Así fue toda mi infancia con un claro sentimiento de que n...

ESTAR SIN SER

Imagen
  No te pido que los saques del mundo, sino que los libres del mal. (Juan 17:15) Jesús nunca pretendió que sus seguidores vivieran en guetos aislados del entorno en el que se encontrarán. Somos un pueblo enviado, en misión (17:18) del mismo modo que el Maestro fue enviado por el Padre. Eso nos genera una tensión porque hemos de vivir en el mundo pero hemos de evitar que este nos contamine. Esa tensión se manifiesta porque hemos de luchar con dos tentaciones, la asimilación -ser igual que el mundo- o el aislamiento -apartarnos de él-. En ambos casos perdemos nuestro papel profético, dejamos de ser luz en medio de la oscuridad, testigos de esperanza, restauración y reconciliación.  Como todas la tensiones no es nada fácil de resolver y encontrar el punto de equilibrio es una tarea dinámica que exige sabernos leer a nosotros mismos, el entorno y nuestra relación con Dios. Lo que sí puedo afirmar es que hay elementos sin los cuales ese equilibrio no se podrá mantener. El prim...