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UN TOQUE DIFERENTE

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Sus discípulos le dijeron: -Ves que la gente casi te aplasta por todas partes ¿y aún preguntas quién te ha tocado? (Marcos 5:31) A juzgar por lo que decían los discípulos decenas de personas literalmente aplastaban a Jesús en una situación de contacto físico inevitable y, con toda seguridad, molesta para el Maestro que debía ver dificultados sus movimientos hacia la casa de Jairo. Pero, entre tanto contacto humano, Él notó uno diferente, uno que hizo que saliera poder de Él; uno, como posteriormente el mismo Jesús dijo, hecho con fe. Me ha dado mucho que pensar acerca de mí mismo. Cierto, estoy cerca de Jesús desde hace ya décadas. Familiarizado con Él y sus enseñanzas. Podría decir que formo parte de su cortejo y voy de aquí para allá con Él. Pero, ¿tengo esa misma actitud que tuvo la mujer que sufría de hemorragias? ¿Me acerco a Jesús con la misma confianza que lo hizo aquella enferma? Resulta que, lo que verdaderamente importa, no es cuán cerca uno está de Jesús, sino si existe ...

LA CAUSA

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Y efectivamente, le desapareció al punto la causa de sus hemorragias. (Marcos 5:29) El contexto es la mujer sanada de sus hemorragias o flujo de sangre según las traducciones mas antiguas. Me llama la atención que Marcos señala que la intervención de Jesús fue a la causa interna que provocaba las evidencias externas. Tiene lógica, si vamos a la raíz, desaparecerán los frutos.  Eso me ha llevado a pensar que siempre que permitimos el pecado en nuestras vidas es porque existe un desarreglo en nuestro corazón, un vacío, una necesidad que tratamos de llenar con algo externo. Unos lo hacen con el juego, otros con el poder, la droga, las relaciones destructivas, la aprobación de los demás, el prestigio, la influencia y un etcétera tan largo como uno desee desarrollar. Pero, si atacamos las evidencias externas y no exploramos la razón interna, ese vacío, esa ruptura en el corazón que aún no hemos podido o sabido llenar con Dios, el cambio que intentemos nunca será sostenible en el tiempo ...

SER MEDIDO POR DIOS

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  También les dijo [Jesús] prestad atención a lo que oís: Dios os medirá con la misma medida con que vosotros medís a los demás, y lo hará con creces. (Marcos 4:24) La Biblia nos habla de leyes universales establecidas por Dios; por ejemplo, la de la siembra y la cosecha. Lo que sembramos es lo que recogemos. La de la medida podría ser considerada otra ley. Seremos evaluados con los mismos criterios que evaluamos a los demás. Parece justo porque habitualmente tenemos dos medidas diferentes una para los otros y otra para nosotros mismos. Fácilmente podemos condenar en otros lo que nos parece del todo justificable en nosotros. Jesús dice que no va a actuar del mismo modo, que usará para medirnos los criterios que usemos en la vida de los otros. Esto me lleva a pensar que más vale aplicar gracia, compasión y misericordia a las demás personas porque, si no lo hacemos, no podemos esperar que nos sea aplicada a nosotros el día en que la necesitamos. ¿Cómo tratas a los demás?

¿TIENE DIOS BASTARDOS?

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  Porque todo el que hace la voluntad De Dios, ese es mi hermano y mi hermano y mi madre. (Marcos 3:25) He oído decir, incluso yo lo he pronunciado con cierto tono de orgullo, que soy hijo de Dios porque lo he aceptado como Señor y Salvador. Son muchos los pasajes del Nuevo Testamento que apuntan en esa dirección. En ocasiones, personas han comentado mis posts indicando que sólo los que reúnen la condición antes indicada son auténticos hijos del Señor, el resto son tan sólo criaturas. No puedo dejar de pensar en los animales de compañía que tienen mis hijos en sus hogares. Son criaturas ¡Sin duda! pero no tienen la categoría de hijos ¿Será así con el resto de la humanidad? Pero después me asaltan otros pasajes de las Escrituras; textos como el que reproduzco en esta entrada. Las palabras del Maestro diciendo que por sus frutos los conoceréis. El tremendo pasaje de Mateo 25, que yo llamaría de los sorprendidos. Sorprendidos los que son aceptados y también los que son ...

VINO NUEVO EN ODRE NUEVO

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Tampoco echa nadie vino nuevo en odres viejos, porque el vino nuevo rompe los odres, y se pierden al mismo tiempo los odres y el vino. A vino nuevo, odres nuevos. ((Marcos 2:22) En la época de Jesús no existían botellas para conservar el vino y lo habitual era hacerlo el odres de piel. Cuando eran nuevos conservaban un grado de flexibilidad, de adaptación, que iban perdiendo al envejecer. El vino nuevo todavía no había fermentado completamente y producía gases que presionaban el odre; si este todavía tenía flexibilidad podía adaptarse y resistir la presión del gas. Sin embargo, si carecía de esta se rompía y se perdía el continente y el contenido. La enseñanza es clara ¿Cuál es el grado de flexibilidad que tienen nuestras instituciones religiosas para aceptar una nueva teología, una nueva comprensión de las Escrituras para un tiempo nuevo? pero también ¿Cuál es nuestro grado de flexibilidad mental para adaptarnos a nuevas realidades sin rompernos? Podría ser que por la carenci...

ACUDIR A JESÚS

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  Sin embargo, la gente acudía a él de todas partes. (Marcos 1:45) En una ocasión unos padres le llevaron niños a Jesús para que los bendijeran y los discípulos provocaron el enojo del Maestro al tratar de impedirlo. El evangelio nos dice que las personas acudían a Jesús porque podía ministrar sus necesidades de todo tipo, y creo que esa motivación es totalmente legítima. Hoy en día, al menos donde yo vivo, la gente no busca al Maestro y me pregunto si nosotros, su iglesia, su comunidad, hemos creado -no juzgaré si con buena intención o no- un cordón sanitario alrededor de Él que está impidiendo que puedan acercarse. Una barrera compuesta de prejuicios, legalismo, falta de compasión, hipocresía y juicio. Una muralla que ni permite que ellos se acerquen ni Él pueda acercarse. ¿Cuál es tu evaluación al pensar en ti mismo?

ABRIR LAS MENTES

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Entonces abrió su mente para que entendieran el sentido de las Escrituras (Lucas 24:45) Conocer las Escrituras no significa entenderlas. Los discípulos filtraban su significado a través de los paradigmas que había en sus mentes acerca de cómo debía ser el Mesías y cómo debía intervenir en la historia. Esto explica el desánimo de los dos que caminaban hacia Emaús que fueron incapaces de reconocer al Señor caminando a su lado. Creo que en estos tiempos de altísima complejidad nuestra teología, es decir, nuestra reflexión sobre la revelación del Señor, es uno de los principales obstáculos para que podamos entender las Escrituras. Nos acercamos a las mismas con los filtros de la forma en que hemos sido educados en la fe y estos filtros, como les pasaba a los discípulos, nos impiden ver más allá de los mismos. No digo que sean malos, afirmo que son caducos, que son construcciones humanas y que nunca hemos de confundirlos con la revelación del Señor que es algo vivo y dinámico. Hoy, como les...